Periodismo de las energías limpias: cómo se cuenta la revolución renovable

Última actualización: mayo 18, 2026
  • El periodismo de las energías limpias traduce un sector muy técnico en información rigurosa y comprensible para cualquier ciudadano.
  • En 25 años España ha pasado de unos pocos MW renovables a decenas de miles en eólica y fotovoltaica, con un fuerte auge del autoconsumo.
  • El almacenamiento mediante baterías y los equipos compactos y eficientes son claves para aprovechar al máximo la generación renovable.
  • Medios especializados y periodistas ambientales veteranos han sido decisivos para narrar y contextualizar esta transformación energética.

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El periodismo de las energías limpias se ha convertido en una pieza clave para entender qué está pasando con la electricidad que consumimos, cuánto nos cuesta y por qué las renovables ya no son solo “la energía del futuro”, sino una realidad que lo está cambiando todo. En España, este tipo de información ha pasado de ser un tema casi marginal en boletines técnicos a ocupar espacio en los grandes medios, en tertulias de radio y en portales especializados que llevan décadas abriendo camino.

En paralelo, la revolución tecnológica no se ha quedado atrás: desde sistemas de producción de agua caliente de alta eficiencia hasta nuevas generaciones de baterías premiadas en las grandes ferias europeas, el sector avanza a un ritmo vertiginoso. Entenderlo exige un periodismo que traduzca términos como COP, almacenamiento detrás del contador o integración en plantas híbridas, a un lenguaje que cualquiera pueda seguir sin tener que ser ingeniero. Y ahí es donde entra en juego lo que muchos ya llaman, con toda lógica, el auténtico periodismo de las energías limpias.

Qué es el periodismo de las energías limpias y por qué importa tanto

Cuando se habla de periodismo enfocado en energías renovables no se trata solo de noticias sobre placas solares o aerogeneradores, sino de una forma de hacer información que pone el foco en la transición energética, la sostenibilidad y el impacto que todo ello tiene en nuestra vida cotidiana. El objetivo es doble: por un lado, explicar con rigor los avances tecnológicos y las decisiones políticas; por otro, hacerlo de manera clara, directa y accesible para cualquier persona.

Durante años, la información sobre energía eólica, fotovoltaica o sistemas de almacenamiento se movía en círculos muy especializados, en revistas técnicas y documentos que apenas llegaban al gran público. Eso hacía que buena parte de la ciudadanía no entendiera bien por qué sube o baja su factura de la luz, qué significa el autoconsumo o cómo afectan las decisiones del regulador a lo que paga cada mes. El periodismo de las energías limpias ha venido precisamente a cubrir ese hueco.

Este enfoque informativo no renuncia al rigor ni a los datos, pero se aleja de los tecnicismos innecesarios y de la jerga que solo comprenden los expertos. La idea es que, si un periodista no es capaz de comprender un asunto y contarlo de forma sencilla, difícilmente podrá ayudar a los demás a formarse una opinión. De ahí que muchos proyectos editoriales ligados a las energías renovables se hayan definido siempre como un puente entre el sector y la ciudadanía.

Además, este tipo de periodismo pone sobre la mesa debates que van mucho más allá de la mera tecnología: modelo de mercado eléctrico, papel de la energía nuclear, planificación de redes, futuro del almacenamiento, impacto social y territorial de los proyectos renovables o incluso la geopolítica de la energía. Son temas complejos, pero determinantes para entender hacia dónde va nuestro sistema energético.

La revista que dio voz periodística propia a las renovables en España

En España, una de las experiencias más emblemáticas de periodismo especializado en energías renovables la representa una revista que lleva un cuarto de siglo contando, mes a mes, esa transformación. Nació en el año 2000 con una vocación muy clara: relatar la revolución energética en marcha a cualquier ciudadano, sin necesidad de que tuviera formación técnica, pero sin perder ni un ápice de precisión informativa.

Detrás de este proyecto están dos periodistas con una larga trayectoria en información ambiental y energética: Luis Merino y Pepa Mosquera. Ambos se formaron en medios generalistas y de referencia —desde Radio Nacional a agencias de noticias y diarios de tirada nacional— y en 1998 decidieron dar un paso que entonces sonaba casi a locura: crear una empresa de comunicación centrada en energías renovables, cuando la eólica y la fotovoltaica eran aún tecnologías incipientes en el país.

La empresa, fundada bajo el nombre de Haya Comunicación S.L., fue el soporte empresarial que permitió lanzar primero un portal web pionero en el mundo hispanohablante sobre renovables, en junio de 2000, y posteriormente una revista en papel, cuyo primer número vio la luz en octubre de 2001. Por aquel entonces, hablar de energías limpias en España era prácticamente ir a contracorriente de un sistema eléctrico dominado por las fuentes convencionales.

La clave de su identidad se resumió pronto en una frase que se convirtió en su seña de identidad: “el periodismo de las energías limpias”. No se trataba solo de un eslogan; era toda una declaración de intenciones, una manera de decir que su aproximación era, antes que nada, periodística: contar historias, explicar decisiones políticas, traducir informes técnicos, entrevistar a los protagonistas del sector y mantener una actitud crítica, pero constructiva.

Con el paso del tiempo, la publicación se ha consolidado como una “rara avis” del periodismo ambiental en España, sobreviviendo a cambios tecnológicos, crisis del papel, recortes en publicidad y vaivenes regulatorios que afectaron a todo el sector de las renovables. Hoy supera holgadamente los 120.000 lectores y se ha convertido en un punto de referencia obligado para empresas, administración, profesionales y público interesado.

La mirada periodística: rigor, claridad y nada de tecnicismos gratuitos

Uno de los rasgos más singulares de esta forma de hacer periodismo energético es la insistencia en que los periodistas que firman los contenidos entiendan a fondo lo que cuentan. Luis Merino lo ha explicado con claridad en distintas ocasiones: no querían publicar nada que ellos mismos no fueran capaces de comprender plenamente antes. Esa regla, que puede parecer de sentido común, marca la diferencia entre un texto claro y uno que se pierde en jerga.

En la práctica, esa filosofía se traduce en artículos que parten de datos complejos —por ejemplo, el despliegue de megavatios eólicos, fotovoltaicos o las curvas de precios mayoristas— y que los transforman en información digerible y contextualizada. Así, conceptos como potencia instalada, generación neta, autoconsumo o almacenamiento se explican con ejemplos y comparaciones comprensibles para cualquiera.

Otro elemento clave es la renuncia a caer en una posición de militancia acrítica. El periodismo de las energías limpias no consiste en aplaudir todo lo que lleve la etiqueta “verde”, sino en analizar con lupa también los puntos oscuros: cambios regulatorios que frenan la implantación de renovables, impactos ambientales o sociales de determinados proyectos, o decisiones empresariales y políticas que no siempre van en la línea del interés general.

En ese sentido, esta forma de comunicación especializada ha seguido de cerca momentos especialmente delicados de la política energética española. Por ejemplo, informó en profundidad sobre la supresión de las primas a las renovables en 2011, una medida que supuso un frenazo en seco a muchas inversiones, o sobre la posterior eliminación del mal llamado “impuesto al Sol” en 2018, que durante años había penalizado el autoconsumo fotovoltaico.

También ha puesto el foco en los grandes debates de fondo: el rol que debe jugar la energía nuclear en un sistema cada vez más renovable, los retos técnicos de integrar una producción tan variable como la eólica y la solar en la red, el despegue de las plantas híbridas que combinan diferentes tecnologías y sistemas de almacenamiento, o lo que significó el gran apagón de la Península Ibérica que puso de relieve la importancia de la seguridad de suministro.

De 1.000 MW eólicos y 8 MW fotovoltaicos a un sistema en plena transformación

Para entender de qué dimensión de cambio estamos hablando, basta con comparar la potencia renovable instalada en España cuando nació este tipo de prensa especializada con la situación actual. A finales de los años noventa, el país apenas contaba con 1.000 MW de energía eólica y unos tímidos 8 MW de fotovoltaica, prácticamente residuales dentro del mix de generación.

Hoy el panorama es radicalmente diferente: las cifras se han multiplicado hasta alcanzar del orden de 33.000 MW eólicos y 51.000 MW fotovoltaicos. Dicho de otra manera, la eólica y la solar han pasado de ser niñas pequeñas a auténticos gigantes del sistema eléctrico. Buena parte de ese recorrido ha sido narrado al detalle por medios especializados que han seguido cada subasta, cada cambio normativo y cada gran proyecto en marcha.

En este contexto ha cobrado un protagonismo especial el autoconsumo fotovoltaico, tanto en viviendas como en empresas. El cambio regulatorio, con la eliminación de trabas como el antiguo impuesto al Sol, ha impulsado un despliegue masivo de instalaciones en cubiertas industriales, residenciales y agrícolas. La consecuencia es que cada vez más parte de la demanda eléctrica se cubre con producción propia.

Los datos recientes hablan de un auténtico boom: en un solo año se han llegado a instalar más de 1.200 MW de nueva potencia de autoconsumo, elevando el total acumulado por encima de los 9.500 MW. Esa capacidad ya es capaz de cubrir en torno al 4 % de la demanda eléctrica nacional, una cifra muy significativa si pensamos que hace un par de décadas la fotovoltaica era prácticamente anecdótica.

Además, la generación neta de este autoconsumo se mide ya en varios miles de GWh al año. Las estimaciones superan los 10.000 GWh de producción fotovoltaica de autoconsumo, un volumen que se puede comparar con la generación de un gran reactor nuclear como Cofrentes. Esa comparación ilustra muy bien cómo lo que antes era una tecnología marginal ha pasado a competir en volumen con las grandes centrales históricas del sistema eléctrico.

El precio de la energía y el papel de las renovables en plena crisis internacional

La relevancia de las energías limpias no se limita al terreno ambiental o tecnológico; tiene un impacto directo y muy tangible en el precio que pagamos por la electricidad, especialmente en tiempos convulsos a nivel internacional. Las tensiones geopolíticas en Oriente Medio y en otras regiones productoras han disparado los precios energéticos en buena parte de Europa, poniendo a prueba la fortaleza de los distintos sistemas eléctricos nacionales.

Mientras países como Italia, Alemania o Francia veían cómo el coste de la electricidad superaba ampliamente los 100 euros por megavatio hora en momentos de máxima tensión, España registraba precios en el entorno de los 14 euros/MWh en determinadas jornadas. Esa enorme diferencia no es fruto del azar: tiene mucho que ver con la alta penetración de renovables en el mix español, que desplazan a tecnologías más caras ligadas al gas y otros combustibles fósiles.

Este tipo de comparaciones han permitido al periodismo especializado en energías limpias mostrar de forma muy gráfica por qué apostar por eólica, solar y otras tecnologías renovables no es solo una cuestión climática, sino también una de ahorro, competitividad industrial y seguridad de suministro en un contexto de fuerte volatilidad internacional.

La evolución de los precios en el mercado mayorista también ha servido para explicar conceptos como el “efecto caníbal” de las renovables, la necesidad de introducir mecanismos de capacidad o las señales de precio que se envían a los consumidores para desplazar la demanda a las horas de mayor generación limpia. Todos estos asuntos, que hace no tanto sonaban a pura jerga, hoy forman parte de los contenidos habituales en los medios que cubren la transición energética.

En este escenario, la mejora del almacenamiento eléctrico se ha convertido en una condición indispensable para seguir aprovechando al máximo la producción renovable cuando el sol se esconde o el viento afloja. Y aquí entran en juego tanto las baterías a gran escala como las soluciones ubicadas detrás del contador, en hogares y empresas.

Almacenamiento y baterías: el otro pilar de la transición energética

Una de las grandes claves para que la transición energética española continúe acelerándose es, según muchos expertos del sector, la expansión de las tecnologías de almacenamiento. Sin una capacidad suficiente para guardar la energía producida en las horas de alta generación renovable, resulta más difícil sacar todo el partido a la eólica y la solar y estabilizar los precios en el mercado.

En los últimos años se ha producido un crecimiento muy notable de las baterías instaladas detrás del contador, es decir, en el lado del consumidor. En un solo ejercicio se añadieron alrededor de 339 MWh de nueva capacidad de almacenamiento de este tipo, lo que supone un aumento superior al 100 % respecto al año anterior. Esta evolución indica que cada vez más hogares y empresas optan por combinar sus sistemas de autoconsumo fotovoltaico con baterías para aprovechar al máximo la energía generada.

Paralelamente, el sector del almacenamiento a nivel europeo ha avanzado a pasos de gigante. Esto se refleja cada año en encuentros como la feria ees Europe, uno de los grandes eventos dedicados a baterías y sistemas acumuladores de energía. En este contexto, los premios ees Award se han convertido en un escaparate para las soluciones más innovadoras en materiales, electrónica de potencia, gestión inteligente y nuevas arquitecturas de sistemas.

Ser finalista de estos galardones, que se celebran dentro del macroevento The smarter E, se considera ya de por sí un reconocimiento de primer nivel por parte de la industria. Las empresas que logran colarse entre las candidatas destacan por proponer mejoras sustanciales en densidad energética, seguridad, vida útil o integración con las redes, aspectos cruciales para hacer del almacenamiento una pieza sólida del nuevo sistema energético.

Este tipo de innovaciones no solo son relevantes para los grandes proyectos de red, sino también para el ámbito doméstico y comercial, donde se buscan baterías más compactas, seguras y fáciles de integrar con instalaciones existentes de autoconsumo. En este punto, la labor informativa vuelve a ser decisiva: explicar en qué consisten esas novedades, qué aportan realmente al usuario final y cómo se comparan con las soluciones ya disponibles en el mercado.

Tecnología aplicada: sistemas compactos y eficientes para agua caliente

La transición hacia un modelo energético más limpio no se limita a la producción de electricidad; también alcanza al calentamiento de agua y a la climatización, ámbitos donde tradicionalmente se ha consumido mucha energía fósil. En este terreno han aparecido sistemas cada vez más sofisticados que impulsan la eficiencia energética y buscan reducir el consumo sin renunciar al confort, aprovechando tecnologías como la aerotermia y los intercambiadores de alta eficiencia.

Un ejemplo significativo lo encontramos en las nuevas gamas de equipos diseñados para producir agua caliente sanitaria (ACS) con altos niveles de eficiencia. Estas series suelen articularse en dos versiones complementarias: modelos murales, con capacidades aproximadas entre 80 y 150 litros, y modelos de pie que pueden llegar a unos 180 litros. Ambos comparten una misma base tecnológica, pero la variedad de formatos permite adaptarse mejor a diferentes tipos de vivienda y necesidades de espacio.

Uno de los avances más notables de estas soluciones es su diseño muy compacto, que facilita una instalación relativamente sencilla incluso en espacios reducidos o integrados en armarios, algo especialmente útil en pisos pequeños o en reformas donde cada centímetro cuenta. Esta versatilidad amplía las posibilidades tanto en obra nueva como en proyectos de rehabilitación energética, donde sustituir viejos sistemas ineficientes por equipos modernos puede marcar una gran diferencia en el consumo.

En términos de rendimiento, la clave está en tecnologías como los intercambiadores de microcanales, que optimizan la transferencia térmica y permiten alcanzar coeficientes de rendimiento (COP) de hasta 3,6. Traducido al día a día, eso significa que por cada unidad de energía eléctrica consumida, el sistema es capaz de aportar hasta 3,6 unidades de energía térmica útil, con el consiguiente ahorro en la factura y en emisiones.

Este tipo de productos son un buen ejemplo de cómo la innovación técnica se traduce en soluciones muy concretas para el usuario final y, de nuevo, de cómo el periodismo de las energías limpias ayuda a explicar qué significan realmente esas cifras, por qué un COP elevado es importante o qué implicaciones tiene optar por un sistema compacto frente a opciones convencionales de menor eficiencia.

Una trayectoria profesional ligada a la información ambiental

La credibilidad del periodismo especializado en renovables descansa en buena medida en la experiencia y trayectoria de quienes lo ejercen. En el caso de proyectos pioneros como la revista mencionada, su cofundador Luis Merino acumula casi cuatro décadas dedicado a la cobertura de temas ambientales y energéticos, tras formarse en la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid.

Su carrera incluye etapas en Radio Nacional de España y una corresponsalía para la edición española de la revista National Geographic, donde desarrolló una mirada amplia sobre cuestiones de naturaleza, territorio y sostenibilidad. En el año 2000 recibió el Premio Nacional de Periodismo Ambiental, un reconocimiento que avala su trabajo a la hora de acercar estos temas al gran público de forma rigurosa y atractiva.

Su compañera en esta aventura, Pepa Mosquera, también procede de medios de referencia como la agencia EFE, Diario 16 u Onda Madrid. Juntos decidieron, a finales de los noventa, dar el salto a un proyecto propio centrado específicamente en las energías renovables, cuando pocos apostaban por que estos asuntos tuvieran el recorrido mediático que hoy conocemos.

Esta combinación de experiencia en redacciones generalistas y especialización posterior en comunicación energética ha sido uno de los factores que han permitido dotar a sus contenidos de un tono cercano, sin perder profundidad. No se trataba solo de publicar fichas técnicas, sino de contar historias humanas, conflictos regulatorios, avances empresariales y cambios tecnológicos con una perspectiva periodística completa.

La relevancia de esta labor ha trascendido el propio sector, hasta el punto de que las grandes cadenas de radio han invitado a sus protagonistas para hacer balance de estos 25 años de “información limpia”. En programas como Hoy por Hoy, de las emisoras SER Madrid Norte y SER Madrid Sur, se ha entrevistado a Merino para repasar los hitos de la transición energética española y el papel que ha jugado la prensa especializada.

El boom fotovoltaico que la prensa especializada supo anticipar

Uno de los fenómenos que mejor ilustran la capacidad de este periodismo de las energías limpias para leer el futuro del sector es el despegue de la energía fotovoltaica en España. Durante años, las páginas especializadas advertían de que, con la confluencia adecuada de bajada de costes tecnológicos y cambios regulatorios, se produciría un auténtico boom de instalaciones solares.

Ese pronóstico se ha cumplido con creces: el boom de la fotovoltaica ha transformado el panorama eléctrico nacional de una manera que, hace apenas dos décadas, pocos habrían imaginado. El enorme descenso del precio de los paneles, el desarrollo de nuevas soluciones de integración en cubiertas y fachadas, y la aparición de modelos de negocio como las comunidades energéticas han ampliado enormemente el campo de juego.

Los datos de nueva potencia de autoconsumo instalada año tras año, así como el rápido crecimiento de la generación distribuida en hogares y empresas, han sido seguidos muy de cerca por los medios especializados, que han puesto estos números en contexto comparándolos con la situación de partida: aquellos escasos 8 MW fotovoltaicos con los que arranqué el siglo en España.

Además, la cobertura periodística ha ayudado a explicar las implicaciones de este boom tanto para el sistema eléctrico —por ejemplo, en términos de gestión de excedentes, tarifas y peajes— como para el bolsillo del consumidor, que ha visto cómo una parte de su consumo se puede cubrir con energía generada en su propio tejado. Esa narrativa ha sido determinante para que muchas familias y empresas se decidieran a dar el paso hacia el autoconsumo.

Mirando hacia delante, la combinación de fotovoltaica, almacenamiento distribuido y gestión inteligente de la demanda apunta a un escenario en el que el usuario tendrá cada vez más capacidad de decisión sobre cómo y cuándo consume energía. El papel del periodismo de las energías limpias será, previsiblemente, aún más importante para que nadie se quede fuera de esta conversación por falta de información clara.

La historia de las últimas décadas del sector energético español, contada desde la óptica de estas cabeceras especializadas, muestra cómo las renovables han pasado de ser vistas como una apuesta casi experimental a convertirse en la columna vertebral del sistema y en un factor clave de competitividad y estabilidad de precios. Un recorrido en el que la información rigurosa, independiente y comprensible ha jugado un papel tan esencial como los propios aerogeneradores o paneles solares.

Todo este proceso demuestra que, cuando se habla de transición energética, no basta con innovar en tecnologías como baterías, sistemas de microcanales o equipos compactos de alta eficiencia; es igual de necesario contar con un periodismo capaz de explicar esos avances, de situarlos en el contexto de cambios regulatorios y geopolíticos, y de traducirlos en términos que cualquier persona pueda relacionar con su recibo de la luz, el confort de su vivienda o las oportunidades laborales de su entorno.

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