Interruptor General Automático (IGA): qué es, función y diferencias

Última actualización: abril 1, 2026
  • El IGA es un interruptor magnetotérmico obligatorio que protege toda la instalación frente a sobrecargas y cortocircuitos, independientemente de la potencia contratada.
  • Se sitúa en el cuadro general de mando y protección, trabaja junto a diferencial, PIAs, ICP y PCS, y no debe confundirse con ninguno de ellos.
  • Su calibre e intensidad nominal deben elegirse según la potencia instalada y la sección de los cables, evitando tanto el sobredimensionado como el infradimensionado.
  • Cuando el IGA dispara indica una anomalía eléctrica; rearmarlo sin analizar la causa puede ocultar fallos serios en la instalación o en los receptores conectados.

interruptor general automático en cuadro eléctrico

En cualquier instalación eléctrica moderna, el Interruptor General Automático (IGA) es uno de esos componentes que apenas se mira… hasta que salta y nos deja sin luz. Aunque suele pasar desapercibido, es una pieza clave para la seguridad del hogar, locales comerciales e incluso industrias, ya que actúa como “guardaespaldas” de toda la instalación frente a sobrecargas y cortocircuitos.

Conocer bien qué es el interruptor general automático, para qué sirve, en qué se diferencia de otros dispositivos del cuadro de mandos y cómo elegirlo o actuar cuando dispara, es fundamental para evitar sustos, averías costosas y riesgos de incendio. A continuación se desarrolla una guía muy completa, basada en la información habitual de compañías eléctricas, normativa y experiencia práctica, explicada con un lenguaje cercano y orientado tanto a viviendas como a entornos industriales.

Qué es el Interruptor General Automático (IGA)

El Interruptor General Automático, abreviado como IGA, es un interruptor magnetotérmico omnipolar que se instala en el cuadro general de mando y protección y cuya misión es proteger todos los circuitos aguas abajo de la instalación eléctrica frente a sobrecargas y cortocircuitos. Dicho de forma sencilla, se encarga de cortar la luz cuando la instalación soporta más corriente de la que puede admitir con seguridad.

Este dispositivo se volvió obligatorio en los cuadros eléctricos a partir de la normalización de 2002 (Reglamento Electrotécnico para Baja Tensión – Real Decreto 842/2002), por lo que en instalaciones antiguas puede que no exista o que su aspecto no esté estandarizado. En cuadros modernos, su presencia es ineludible, ya que es el único elemento que limita de verdad la potencia máxima admisible por la instalación, independientemente de la potencia contratada con la comercializadora.

Desde el punto de vista técnico, el IGA se clasifica como un interruptor magnetotérmico porque combina dos sistemas de disparo: uno térmico (para sobrecargas prolongadas) y otro magnético (para cortocircuitos rápidos). Esta combinación permite reaccionar de forma adecuada según el tipo de fallo que se produzca en la red interior.

En el día a día, además de actuar de forma automática, el IGA también se utiliza como punto de corte general manual de la vivienda o local cuando se van a realizar reparaciones, cambios de enchufes, sustitución de luminarias o cualquier trabajo que requiera máxima seguridad al maniobrar con conductores eléctricos.

Componentes y funcionamiento interno del IGA

Aunque externamente solo veamos una o varias pequeñas palancas, en su interior el IGA integra mecanismos de detección y disparo diseñados para actuar con rapidez y fiabilidad. Comprenderlos ayuda a interpretar qué está ocurriendo cuando el interruptor salta.

En primer lugar, el IGA cuenta con un disparador térmico. Este elemento suele ser una lámina bimetálica que se calienta cuando la corriente que atraviesa el interruptor supera de forma continuada la intensidad nominal para la que ha sido diseñado. Si esa sobrecarga se mantiene demasiado tiempo, la lámina se deforma, acciona el mecanismo interno y abre el circuito cortando el suministro. No actúa de forma instantánea, ya que está pensado para soportar pequeños picos debidos, por ejemplo, al arranque de motores o grandes electrodomésticos.

En segundo lugar, incorpora un disparador magnético, encargado de detectar cortocircuitos o sobreintensidades muy bruscas. En este caso, la corriente se dispara de golpe a valores muy altos, lo que activa un electroimán que provoca la apertura inmediata del interruptor. Este disparo es casi instantáneo y evita que los conductores y equipos sufran daños severos debido a un pico de corriente extremo.

Además, el IGA incluye un mecanismo de apertura y cierre manual (la palanca o conjunto de palancas que vemos en el frontal) y puede disponer de contactos auxiliares para comunicar su estado (abierto/cerrado) a sistemas de supervisión o automatización, algo muy habitual en cuadros industriales y de maquinaria.

Cuando el IGA se dispara, lo que está indicando es que se ha producido una situación de exceso de corriente incompatible con la seguridad. Volver a subirlo sin investigar la causa, especialmente en entornos con máquinas o cargas importantes, puede ocultar un problema serio: cableado infradimensionado, conexión defectuosa, motor en mal estado o una instalación mal calculada.

Para qué sirve el IGA y por qué es tan importante

La misión principal del interruptor general automático es proteger la instalación eléctrica y a las personas ante dos tipos de riesgos: las sobrecargas y los cortocircuitos. Sin este elemento, un fallo de este tipo podría desencadenar calentamientos excesivos, daños en electrodomésticos y, en casos extremos, incendios (evitar el fuego en el aire acondicionado).

La protección frente a sobrecargas entra en juego cuando se conectan demasiados aparatos a la vez o cuando algún equipo consume más de lo previsto de forma prolongada. El IGA limita la corriente máxima que puede circular por los cables según su sección y características, evitando que el aislamiento se deteriore por calor y se produzcan chispazos o derivaciones peligrosas.

Por otro lado, la protección frente a cortocircuitos es crítica cuando dos conductores que no deberían unirse lo hacen (por ejemplo, fase y neutro o fase y tierra), generando una corriente brutal que, si no se corta de inmediato, puede destruir equipos, carbonizar cables y originar fuegos. El disparo magnético del IGA reacciona en milésimas de segundo para interrumpir esa corriente descontrolada.

Además, el IGA actúa como punto de desconexión general de la instalación. Bajar este interruptor al cambiar una bombilla, manipular un enchufe o intervenir en cualquier parte del sistema eléctrico es una buena práctica de seguridad, tanto en viviendas como en oficinas o talleres. También es frecuente bajarlo cuando va a haber una ausencia prolongada (vacaciones largas, cierre temporal de un local) para evitar consumos innecesarios y reducir riesgos.

En entornos industriales, el IGA se convierte en la primera línea de defensa de líneas de producción, motores de gran potencia, variadores de frecuencia, resistencias de calefacción industrial y todo tipo de cargas variables. Una selección adecuada del interruptor ayuda a reducir paradas imprevistas, fallos en serie y costosas reparaciones.

Ubicación del interruptor general automático en el cuadro

En una vivienda o pequeño local, el IGA se instala siempre en el cuadro general de mando y protección, normalmente situado cerca de la puerta de entrada o en una zona accesible. En cuadros modernos, suele colocarse en la parte superior o en un bloque diferenciado, junto al ICP (si existe) y/o al protector contra sobretensiones (PCS o PCT).

En instalaciones domesticas normalizadas después de 2002, el IGA convive con otros elementos obligatorios: el interruptor diferencial general (ID), encargado de detectar fugas de corriente a tierra para proteger a las personas; los Pequeños Interruptores Automáticos (PIA), que protegen individualmente cada circuito interior (alumbrado, enchufes, cocina, horno, termo, circuito del aire acondicionado split, etc.); y el Protector contra Sobretensiones (PCS), que desvía a tierra picos de tensión procedentes de la red o de fenómenos atmosféricos.

En algunos casos, especialmente con la llegada de los contadores digitales, el Interruptor de Control de Potencia (ICP) se integra directamente en el propio contador en lugar de estar en el cuadro de la vivienda. En esos escenarios, se puede encontrar un cuadro con IGA, diferencial, PIAs y PCS, pero sin ICP físico visible.

En instalaciones industriales y cuadros de maquinaria, el interruptor general automático se sitúa habitualmente en la cabecera del cuadro, inmediatamente después del punto de suministro o de la embarrada principal. Desde ahí alimenta a todas las protecciones y circuitos posteriores y proporciona un punto de corte claro para realizar trabajos de mantenimiento en condiciones seguras.

En cuadros complejos, es habitual encontrar varios niveles de protección general (por ejemplo, un interruptor general en la entrada de la planta y otros en cuadros secundarios), coordinados para mejorar la selectividad y evitar que, por un fallo menor, se quede sin servicio toda la instalación.

Diferencias entre IGA, ICP, diferencial y otros dispositivos

En el cuadro eléctrico conviven distintos aparatos que, vistos desde fuera, pueden parecer similares, pero cada uno cumple una función concreta. Es vital no confundir el IGA con otros interruptores, ya que ninguno sustituye al resto.

El Interruptor General Automático (IGA) se encarga de cortar la luz cuando la potencia demandada supera la que la instalación eléctrica es capaz de soportar con seguridad o cuando se produce un cortocircuito. Actúa sobre toda la instalación a la que da servicio, protegiendo el cableado y los equipos.

El Interruptor de Control de Potencia (ICP), en cambio, tiene como misión limitar la potencia contratada con la compañía eléctrica. Si el usuario conecta demasiados aparatos a la vez y supera los kW contratados, el ICP se dispara para evitar que consuma más de lo que paga. Es un elemento orientado al control comercial de la potencia, no a la protección del cableado interno.

El interruptor diferencial (ID) no protege frente a sobrecargas ni cortocircuitos, sino frente a fugas de corriente a tierra. Su objetivo es salvaguardar a las personas ante contactos indirectos, cortando el suministro cuando detecta que una parte de la corriente se escapa hacia tierra, algo que puede ocurrir cuando un aparato está derivado o el aislamiento se ha deteriorado.

Los Pequeños Interruptores Automáticos (PIA) son magnetotérmicos similares al IGA pero de menor calibre, destinados a proteger cada circuito interior de forma independiente. Permiten dejar sin tensión solo una parte concreta de la instalación (por ejemplo, la cocina o el aire acondicionado) sin apagar toda la vivienda o el local.

En el ámbito industrial, también aparecen guardamotores, relés térmicos e interruptores de maniobra. Estos últimos, llamados interruptores generales de maniobra o seccionadores, sirven principalmente para abrir y cerrar el circuito de forma manual, pero no incorporan disparo térmico ni magnético, por lo que no son un sustituto del IGA. Lo habitual es que trabajen de forma conjunta: uno aporta capacidad de maniobra visible y el otro protección frente a sobreintensidades.

Instalaciones monofásicas y trifásicas: qué cambia en el IGA

La apariencia del IGA depende del tipo de instalación. En una instalación monofásica típica de vivienda, el suministro se realiza normalmente a 230 V y la mayor parte de los equipos se conectan a una sola fase y neutro. En este escenario, el IGA suele ser un dispositivo doble, con dos polos (dos palancas unidas), que interrumpe simultáneamente fase y neutro.

En una instalación trifásica, más habitual en edificios de oficinas, pequeños negocios con maquinaria o entornos industriales, el suministro se realiza mediante tres fases y, en muchos casos, un neutro adicional. Aquí el IGA suele ser de tres o cuatro polos (tres fases y, si es necesario, corte del neutro), y todas las palancas actúan de forma simultánea para asegurar la desconexión total. En entornos con equipos de climatización, además, existe información práctica para convertir un aire acondicionado trifásico a monofásico cuando procede.

Las instalaciones trifásicas reparten la potencia total disponible entre tres fases, lo que permite alimentar motores de mayor potencia, grandes sistemas de climatización o maquinaria pesada. Esto implica que el IGA debe tener una capacidad de corte y un calibre adecuados al nivel de corriente de cortocircuito disponible, que en entornos industriales puede ser muy elevado.

Al seleccionar un IGA para una vivienda normal, se suele optar por un interruptor de 25 amperios en monofásica, que cubre la inmensa mayoría de instalaciones domésticas típicas. En trifásica, los valores de intensidad nominal varían más y es imprescindible hacer un cálculo técnico según la potencia instalada y la sección de los conductores.

En cualquier caso, el IGA debe estar coordinado con el resto de dispositivos del cuadro (diferenciales, PIAs, protecciones específicas de motores, etc.) para que cada fallo sea despejado por el elemento más cercano, minimizando el número de líneas afectadas y evitando disparos en cascada.

Calibre, intensidad nominal y criterios de elección del IGA

Uno de los datos fundamentales de un IGA es su intensidad nominal, expresada en amperios (A). Esta cifra indica la corriente máxima que el interruptor puede soportar de forma permanente sin dispararse en condiciones normales de funcionamiento. En el ámbito doméstico encontramos valores habituales como 25 A, 30 A o 40 A; en entornos industriales, los calibres pueden ser sensiblemente mayores.

Para determinar el calibre adecuado no basta con escoger el valor más alto “por si acaso”. Es necesario tener en cuenta la potencia instalada real, la simultaneidad de uso de los receptores, el tipo de cargas (resistivas, inductivas, motores, etc.) y la sección de los conductores. Un IGA sobredimensionado puede permitir que el cableado trabaje excesivamente forzado sin desconectarse a tiempo, mientras que uno infradimensionado provocará disparos frecuentes sin haber un fallo real de seguridad. En instalaciones con equipos de climatización conviene revisar también el calibre de cable para aire acondicionado adecuado.

En entornos industriales, además del calibre, se analizan las curvas de disparo (tipos típicos B, C, D, etc.), que definen cómo responde el interruptor frente a picos de corriente de corta duración. En cuadros con muchos motores o cargas inductivas, elegir una curva adecuada es clave para evitar disparos intempestivos en cada arranque.

La capacidad de corte del IGA también es determinante, especialmente cuando se alimentan líneas de alta potencia. Este valor, expresado en kiloamperios (kA), indica la corriente máxima de cortocircuito que el interruptor puede interrumpir sin destruirse. La normativa exige que esta capacidad sea suficiente para el nivel de cortocircuito disponible en el punto de instalación.

Por último, factores como la marca, la calidad de fabricación, la compatibilidad con el cuadro existente y la posibilidad de incorporar accesorios (contactos auxiliares, disparos a distancia, etc.) influyen en la elección del modelo más adecuado, tanto en viviendas como en instalaciones productivas.

Por qué salta el IGA y cómo recuperar la electricidad

Cuando el IGA salta, suele cundir el pánico, pero en realidad es un mecanismo de protección que está haciendo su trabajo. El disparo se produce normalmente por dos motivos: un exceso de potencia (sobrecarga) o una subida brusca de corriente debida a un cortocircuito o a una anomalía importante en la instalación.

El primer paso para recuperar la luz es acudir al cuadro eléctrico y identificar qué interruptores están bajados. Si solo se ha disparado el IGA, bastará con subir de nuevo su palanca para restablecer el suministro. Si han saltado también algunos PIAs o el diferencial, conviene rearmarlos en orden y observar si alguno vuelve a disparar inmediatamente, lo que ayudará a localizar el circuito conflictivo.

Si tras subir el IGA el corte de luz se mantiene y se observa que otras viviendas o locales cercanos también están sin suministro, es probable que se trate de una avería en la red de distribución. En ese caso, no queda otra que contactar con la distribuidora de la zona, facilitar los datos del punto de suministro y esperar a que resuelvan la incidencia.

Cuando los disparos del IGA se repiten de forma frecuente sin que haya una avería externa, hay que investigar la carga real que se está conectando a la instalación. A veces basta con no poner en marcha simultáneamente horno, vitrocerámica, lavadora y salta el automático al encender el aire acondicionado; en otros casos conviene sustituir electrodomésticos antiguos por equipos de alta eficiencia o redistribuir circuitos para evitar concentrar demasiados aparatos en la misma línea.

Si después de revisar hábitos de consumo y posibles fallos en equipos concretos el problema persiste, puede ser indicativo de que la instalación está al límite de su capacidad. En ese punto, un instalador autorizado puede valorar la necesidad de aumentar la potencia admisible (modificando acometida, secciones de cable y protecciones) o, si el problema es que se supera con frecuencia la potencia contratada, plantear un incremento de potencia en el contrato con la comercializadora; para casos con aire acondicionado puede consultarse una guía específica sobre cómo instalar cuadro eléctrico en vivienda con aire acondicionado.

Tipos de IGA, precios orientativos y elección práctica

En el mercado existen diferentes tipos de interruptores generales automáticos, tanto para uso doméstico estándar como para aplicaciones industriales. En viviendas, lo habitual es que el IGA venga ya preinstalado en el cuadro de obra nueva, pero cuando hay que renovarlo o adaptar la instalación, el usuario se encuentra con una gama de modelos con distintos amperajes, polos y características.

En el segmento residencial, los IGA más comunes son de 25 A en monofásico, adecuados para la mayoría de potencias demandadas en pisos y casas convencionales. A partir de ahí, hay opciones con intensidades superiores para viviendas de gran tamaño, chalets con muchas cargas o pequeños negocios con equipamiento significativo; en instalaciones con aire acondicionado es habitual revisar cuál es el magnetotérmico adecuado para aire acondicionado.

El precio de un IGA depende de varios factores: la marca, el calibre, el número de polos y si se trata de un modelo combinado que integra funciones adicionales, como la protección contra sobretensiones. Los IGA trifásicos y los de mayores intensidades suelen ser más caros, y al coste del aparato hay que sumar la mano de obra del profesional que lo instala o sustituye, algo muy recomendable para garantizar un trabajo seguro. Además, resulta útil conocer las opciones del Protector de tensión para aire acondicionado cuando se integran bloques de protección.

En entornos industriales se añaden además variantes rearmables, interruptores con curvas de disparo específicas y equipos de segunda mano revisados, que pueden ser una opción interesante si se integran en cuadros existentes y se verifican correctamente. En todos los casos, es importante no confundir el IGA con otros dispositivos como el Protector contra Sobretensiones (PCS), aunque en ocasiones se comercialicen integrados en un mismo bloque físico.

A la hora de comprar un IGA para una vivienda, se puede acudir tanto a tiendas especializadas en material eléctrico y grandes superficies de bricolaje como a comercios online. Lo más sensato es seguir siempre las indicaciones del boletín eléctrico y del instalador, ya que la protección principal de la casa no es un elemento con el que convenga improvisar.

Mantenimiento, fallos habituales y buenas prácticas de seguridad

El IGA es un dispositivo diseñado para durar muchos años, pero no está de más realizar un mantenimiento preventivo básico, sobre todo en entornos con polvo, humedad o vibraciones. Las revisiones periódicas del cuadro eléctrico, la limpieza de los elementos y la comprobación del apriete de las conexiones ayudan a evitar calentamientos y falsos contactos.

Algunas señales de desgaste o fallo en el interruptor general automático son disparos anómalos sin causa aparente, olor a quemado, decoloraciones en la carcasa, calentamiento excesivo al tacto o ruidos extraños al maniobrarlo. Ante cualquiera de estos síntomas, es recomendable llamar a un instalador para evaluar si procede su sustitución.

Después de un cortocircuito muy importante, que haya hecho trabajar al límite la capacidad de corte del IGA, puede ser aconsejable reemplazarlo por seguridad, incluso aunque siga funcionando, ya que sus componentes internos pueden haber quedado dañados. Es una medida especialmente relevante en instalaciones industriales con altas potencias de cortocircuito.

A nivel de uso cotidiano, la principal buena práctica es no manipular el cuadro eléctrico sin la formación y protección adecuadas. Bajar siempre el IGA antes de intervenir en circuitos, utilizar equipos de protección individual cuando proceda y respetar los procedimientos de bloqueo y etiquetado en entornos profesionales son pautas básicas para reducir riesgos.

Además, es muy importante que la documentación de la instalación esté actualizada (esquemas, planos, identificación de circuitos y dispositivos), ya que facilita enormemente cualquier trabajo de mantenimiento, ampliación o diagnóstico de averías, tanto en viviendas como en maquinaria y líneas de producción.

El Interruptor General Automático se ha convertido con los años en una pieza totalmente imprescindible de cualquier instalación eléctrica, desde el cuadro de una vivienda hasta el armario de control de una planta industrial. Elegir bien su calibre, entender qué protege exactamente, diferenciarlo de otros elementos como el ICP o el diferencial y saber cómo actuar cuando dispara permite disfrutar de una instalación más segura, fiable y adaptada a las necesidades reales de consumo sin sorpresas desagradables ni riesgos innecesarios.

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