Qué es el diferencial eléctrico y cómo protege tu instalación

Última actualización: mayo 8, 2026
  • El interruptor diferencial detecta fugas de corriente a tierra comparando la intensidad de entrada y de salida del circuito.
  • En vivienda se emplean diferenciales de 30 mA, normalmente tipo A, obligatorios según el REBT para proteger a las personas.
  • Existen distintos tipos (AC, A, F, B) y versiones superinmunizadas o autorearmables adaptadas a cargas electrónicas y usos especiales.
  • El diferencial complementa al magnetotérmico: uno protege a las personas frente a fugas y el otro a la instalación frente a sobrecargas y cortocircuitos.

diferencial electrico en cuadro

En cualquier vivienda, local comercial o nave industrial, hay un pequeño aparato en el cuadro eléctrico que, aunque pasa desapercibido, puede literalmente salvarte la vida. Se trata del interruptor diferencial eléctrico, el dispositivo encargado de cortar la corriente cuando aparece una fuga peligrosa hacia tierra, ya sea a través de una persona o de la carcasa metálica de un equipo.

Aunque a primera vista parezca un simple “automático más”, el diferencial no tiene nada que ver con los magnetotérmicos ni con otros elementos del cuadro. Su misión principal es proteger a las personas frente a choques eléctricos, y por eso está regulado con bastante detalle por el Reglamento Electrotécnico de Baja Tensión (REBT) y por diversas normas UNE e IEC. Entender qué es, cómo funciona, qué tipos existen y cómo se instala ayuda no solo a mejorar la seguridad, sino también a evitar disparos molestos o falsas averías.

Qué es un diferencial eléctrico y para qué sirve

que es interruptor diferencial

Un diferencial eléctrico, también llamado interruptor diferencial o disyuntor diferencial, es un dispositivo de protección que se sitúa en el cuadro de mando y protección de la instalación. Su finalidad es detectar una corriente de fuga a tierra y cortar el suministro de forma casi instantánea cuando esa fuga supera un valor determinado (la famosa sensibilidad, normalmente 30 mA en viviendas).

Mientras que el magnetotérmico protege los cables y la instalación frente a sobrecargas y cortocircuitos, el diferencial está especializado en otro tipo de fallo: las fugas de corriente que se desvían por caminos no deseados, como la carcasa metálica de un electrodoméstico o el propio cuerpo de una persona que toca una parte en tensión. Por eso se dice que es el único elemento del cuadro que protege directamente a las personas.

En España, su instalación no es opcional: el REBT exige la presencia de diferenciales en todas las instalaciones de baja tensión de uso doméstico y muchos usos terciarios. Además, la mayoría de normativas indican que en vivienda debe ser de alta sensibilidad (30 mA) y con tiempo de respuesta máximo de 50 ms, valores pensados para reducir al mínimo el riesgo de fibrilación ventricular y daños graves en el sistema nervioso y cardiovascular.

En el cuadro eléctrico lo reconocerás fácilmente porque suele ser el único elemento que incorpora un botón de prueba (TEST o T). Ese botón sirve para simular una fuga y comprobar que el mecanismo dispara correctamente; se recomienda accionarlo periódicamente para garantizar que el dispositivo no se ha quedado “agarrotado”.

Principio de funcionamiento del interruptor diferencial

funcionamiento diferencial electrico

El funcionamiento del diferencial se basa en un concepto muy sencillo: en un circuito sano, la corriente que entra y la que sale deben ser exactamente iguales. Si entra más de la que vuelve, es que hay una parte de corriente que se está “escapando” por otro camino, típicamente hacia tierra.

En un esquema monofásico típico, por el interior del diferencial pasan el conductor de fase y el neutro. Ambos atraviesan un núcleo toroidal (una especie de anillo magnético) sobre el que se arrollan las bobinas de medida. Cuando la instalación funciona correctamente, la intensidad que circula por fase (I1) hacia la carga es igual a la que retorna por el neutro (I2), de forma que I1 = I2. Las corrientes generan dos campos magnéticos en el toroide, iguales en magnitud pero opuestos en sentido, y la resultante es nula: el dispositivo permanece cerrado y no actúa.

Si aparece una derivación a tierra, por ejemplo porque el aislamiento de un cable se ha deteriorado o porque una persona entra en contacto con una parte activa, surge una corriente de fuga (If) que se deriva a tierra. En ese caso, la corriente de retorno ya no coincide con la de ida: I2 = I1 − If, luego I2 es menor que I1. La diferencia entre ambas corrientes (corriente residual) produce ahora un campo magnético resultante distinto de cero en el toroide.

Ese campo magnético desequilibrado actúa sobre el núcleo móvil del mecanismo (a menudo designado como N), que se ve atraído y se desplaza de su posición de equilibrio. Al moverse, dispara el sistema mecánico que abre los contactos (normalmente denominados C1 y C2), interrumpiendo el paso de corriente hacia toda la instalación situada aguas abajo. El disparo tiene lugar en unos pocos milisegundos y mantiene el circuito abierto hasta que alguien lo rearma manualmente o lo hace el propio equipo si es autorearmable.

La sensibilidad del diferencial, expresada como IΔn, indica la corriente de fuga a partir de la cual el dispositivo está obligado a disparar. Para uso residencial se emplean mayoritariamente dispositivos de 30 mA, aunque existen modelos de 10 mA (zonas muy húmedas como spas, jacuzzis o similares) y otros de 100 mA, 300 mA o más, que se usan en aplicaciones específicas, sobre todo para protección contra incendios.

Según la norma UNE 21302 y las normas internacionales IEC 61008-1 y 62423, el umbral de disparo real suele situarse entre el 50 % y el 100 % de la sensibilidad nominal. Es decir, un diferencial de 30 mA puede disparar entre 15 y 30 mA y seguirá siendo considerado correcto.

Ámbito de protección: aguas abajo y régimen de neutro

Un aspecto clave que muchas veces se pasa por alto es que el diferencial solo protege los circuitos que están situados aguas abajo de su posición en la instalación. Cualquier fuga o derivación que se produzca entre el transformador de la compañía y el propio diferencial no será detectada, porque las corrientes que entran y salen por el aparato seguirán siendo iguales.

Por este motivo, en viviendas y locales el REBT recomienda colocar el diferencial lo más cerca posible del punto de entrada de la derivación individual en el inmueble. De esta forma, todo lo que exista a partir de ahí quedará cubierto por la protección diferencial, desde el primer magnetotérmico de la vivienda hasta el último enchufe.

En España, la gran mayoría de transformadores de suministro en baja tensión se conectan según un régimen de neutro TT, lo que significa que el neutro del transformador está puesto a tierra. Gracias a ello, cuando se produce un contacto entre una fase y la tierra (ya sea a través del cuerpo de una persona o de la carcasa de un equipo metálico con toma de tierra), el circuito se cierra a través del terreno y se genera una corriente de fuga claramente detectable por el diferencial.

Si la derivación se produce en un tramo de cable situado después del diferencial, el flujo de corriente que va hacia la carga y el que vuelve por el neutro dejan de ser iguales. En cambio, si el fallo tiene lugar antes del diferencial, la corriente entrante y saliente del dispositivo siguen coincidiendo, por lo que el interruptor no actúa. De ahí la importancia de su correcta ubicación en la cadena de protecciones.

Conviene insistir en que el diferencial no protege frente a cortocircuitos francos entre fase y neutro o entre fases, ni frente a sobreintensidades prolongadas por sobrecarga. Para esos defectos están los magnetotérmicos, que actúan por efecto térmico y magnético cuando la intensidad supera un determinado valor.

Interruptor diferencial en el hogar: seguridad y uso cotidiano

En el entorno doméstico, el interruptor diferencial es obligatorio y está pensado para evitar descargas por contacto indirecto, es decir, cuando tocamos una parte metálica que no debería estar en tensión pero que se ha cargado debido a un fallo de aislamiento interno (el caso típico es la carcasa de una lavadora con fuga de agua que toca un conductor activo).

Cuando notas una pequeña descarga al tocar un aparato, lo más probable es que exista una fuga de corriente hacia su carcasa o hacia el propio cuerpo del usuario. Si esa fuga supera los 30 mA durante un tiempo suficiente, el diferencial debería disparar, cortando el suministro eléctrico de toda la parte de la instalación que protege.

La configuración más habitual en una vivienda es disponer de un diferencial general que protege todo el cuadro, acompañado de varios PIA (pequeños interruptores automáticos) que se encargan de los distintos circuitos: iluminación, enchufes generales, cocina y horno, lavadora y lavavajillas, conexión eléctrica del aire acondicionado, etc. En instalaciones más modernas o exigentes se tiende a sectorizar la instalación con varios diferenciales y/o RCBOs (magnetotérmicos con protección diferencial incorporada), de modo que un disparo no deje la casa completamente a oscuras.

En las viviendas se recomiendan diferenciales de tipo A de 30 mA como base mínima, ya que cada vez es más habitual tener cargas electrónicas (ordenadores, fuentes conmutadas, variadores de velocidad de electrodomésticos, etc.) que generan fugas con componentes de corriente continua pulsante, que un tipo AC podría no detectar correctamente o podría gestionar con disparos intempestivos.

En zonas especiales como cuartos de baño con bañeras de hidromasaje, spas o instalaciones donde el cuerpo está muy en contacto con el agua, se suelen emplear protecciones diferenciales de 10 mA, más sensibles, ya que la resistencia del cuerpo disminuye mucho en estas condiciones y la corriente necesaria para provocar daños graves es menor.

Impacto de la corriente eléctrica en el cuerpo humano

La razón de ser de la protección diferencial está completamente ligada a la respuesta del cuerpo humano ante la corriente eléctrica. No es lo mismo recibir un pequeño cosquilleo que una descarga capaz de provocar fibrilación ventricular.

Los principales rangos de intensidad que suelen manejarse son los siguientes:

  • Por debajo de 1 mA: se perciben, como mucho, ligeros cosquilleos. Normalmente no son peligrosos.
  • Entre 1 mA y 10 mA: la sensación ya es claramente molesta o dolorosa, pero la mayoría de personas aún puede soltarse por sí misma de la fuente de contacto.
  • Entre 10 mA y 30 mA: pueden darse contracciones musculares fuertes que impiden soltar el conductor o la parte en tensión. En este rango ya se considera alta probabilidad de accidente grave si el contacto se mantiene.
  • Entre 30 mA y 100 mA: la corriente que atraviesa el cuerpo, sobre todo si pasa por la zona torácica, puede desestabilizar el ritmo cardíaco, generando arritmias o fibrilación ventricular potencialmente mortal.
  • Por encima de 100 mA: un contacto mantenido durante más de unos segundos puede producir paro cardíaco y quemaduras de importancia.

Además de la intensidad, el tiempo de exposición resulta determinante. Corrientes relativamente moderadas pueden ser letales si se mantienen durante varios segundos, mientras que corrientes algo más altas pueden no dejar secuelas si se interrumpen de forma casi instantánea. De ahí que la normativa limite el tiempo de disparo del diferencial de 30 mA en vivienda a un máximo de 50 milisegundos.

En contacto directo (mano con conductor activo, por ejemplo) suele circular una corriente superior a la que se produce en un contacto indirecto (mano con carcasa metálica en tensión). El diferencial contribuye precisamente a que esa exposición sea lo más breve posible, reduciendo de manera drástica la probabilidad de daños irreversibles.

Tipos de interruptores diferenciales según la forma de la corriente

No todos los diferenciales son iguales. En función del tipo de corriente de fuga que son capaces de detectar, las normas IEC 60755 y UNE-EN 62423 clasifican los interruptores diferenciales en varios tipos: AC, A, F, B y B+.

Interruptor diferencial tipo AC
Es el modelo más básico. Está diseñado para detectar corrientes de fuga alternas puramente sinusoidales. Tradicionalmente ha sido el más instalado en viviendas, ya que las cargas eran mayoritariamente resistivas (iluminación incandescente, calefactores, etc.). Sin embargo, este tipo de diferencial no responde bien frente a armónicos ni ante corrientes con componentes de continua pulsante generadas por la electrónica de potencia moderna. Por ello, su uso está prohibido o muy limitado en varios países europeos.

Interruptor diferencial tipo A
Además de las fugas de corriente alterna sinusoidal, el tipo A es capaz de detectar corriente continua pulsante. Es el más adecuado para instalaciones donde haya equipos electrónicos típicos de uso doméstico y terciario: fuentes conmutadas, pequeñas placas de inducción, lavadoras con variador, etc. En muchas normativas actuales se considera el mínimo recomendable en viviendas, especialmente si se incorpora recarga de vehículo eléctrico monofásica.

Interruptor diferencial tipo F
El tipo F supone una evolución del tipo A. Está preparado para distinguir mejor entre fugas reales y perturbaciones de alta frecuencia, así como para trabajar con equipos que utilizan variadores de frecuencia monofásicos y cargas con formas de onda complejas. Se recomienda cuando se quiere minimizar disparos injustificados en instalaciones con gran presencia de electrónica (bombas de calor con inverter, electrónica de potencia, equipos informáticos potentes, etc.), sobre todo si se combina con la característica superinmunizada.

Interruptor diferencial tipo B
El tipo B está pensado para instalaciones donde pueden aparecer corrientes de fuga de cualquier forma: alterna, continua pulsante o continua pura, incluso a frecuencias elevadas (hasta 1 kHz en el tipo B estándar y hasta 20 kHz en el tipo B+). Se utilizan en entornos industriales, estaciones de recarga de vehículos eléctricos (especialmente trifásicas), inversores fotovoltaicos de cierta potencia, variadores de velocidad trifásicos y, en general, donde haya electrónica de potencia con riesgo de inyectar corriente continua hacia tierra.

Interruptor diferencial tipo B+
El tipo B+ amplía todavía más el rango de frecuencias (hasta unos 20 kHz) y está concebido para variadores de alta frecuencia y aplicaciones muy exigentes, donde se requiere máxima inmunidad a disparos intempestivos y capacidad de detectar fugas complejas. Su uso se reserva normalmente para entornos industriales avanzados y determinados sistemas de recarga y conversión de potencia.

Diferenciales “superinmunizados” e inmunidad a disparos intempestivos

En muchas viviendas y locales es relativamente frecuente que el diferencial dispare “sin motivo aparente”: un día llegas a casa y te encuentras todo apagado, sin que haya habido una tormenta ni un fallo claro. En numerosos casos esto se debe a ruidos en la red, armónicos, picos de tensión o pequeñas perturbaciones que un diferencial convencional interpreta como fuga.

Para reducir estos disparos molestos existen los diferenciales llamados superinmunizados. Se trata de dispositivos diseñados con una electrónica y un filtrado interno que los hace mucho más resistentes a corrientes transitorias o de alta frecuencia que no representan un riesgo real. Siguen disparando ante fugas genuinas, pero ignoran interferencias que un modelo estándar podría confundir con un defecto.

Este tipo de diferencial es especialmente útil en instalaciones con gran densidad de equipos electrónicos (ordenadores, fuentes conmutadas, iluminación LED de mala calidad, variadores, etc.) o en lugares donde la continuidad del suministro sea importante (cámaras frigoríficas, sistemas de seguridad, servidores, etc.). Al reducir los cortes injustificados, se gana en confort y se minimiza el riesgo de pérdidas económicas por paradas de equipos sensibles.

Clasificación según el tiempo de actuación

Otra forma de clasificar los diferenciales es por su tiempo de disparo ante una corriente de defecto. Aquí encontramos principalmente dos grandes grupos: los instantáneos y los retardados (clase S).

Interruptor diferencial instantáneo
Son los más habituales en instalaciones domésticas. Actúan lo más rápido posible cuando la corriente de fuga supera el umbral de disparo, dentro de los límites marcados por la normativa (por ejemplo, máximo 50 ms en un 30 mA residencial). Son la opción estándar cuando no se requiere coordinación especial con otros dispositivos diferenciales.

Interruptor diferencial retardado o de clase S
Los de clase S incorporan un retardo intencionado a la desconexión. Su objetivo principal es permitir la selectividad entre varios diferenciales colocados en cascada con la misma sensibilidad. En un esquema con un diferencial en cabecera (por ejemplo, en la entrada de una instalación) y otro aguas abajo (protegiendo una zona concreta), conviene que ante un defecto actúe primero el diferencial más cercano al fallo. Si se utiliza un modelo de clase S en cabecera, se retrasa su disparo para dar margen al diferencial aguas abajo a cortar primero, evitando que un problema local deje toda la instalación sin suministro.

Rearmables y autorearmables

En algunos casos interesa que, tras un disparo, el diferencial pueda volver a conectarse sin intervención manual, siempre que la causa de la fuga haya desaparecido. Aquí entran en juego los diferenciales rearmables y los autorearmables.

Diferenciales rearmables
Son dispositivos que incorporan un mecanismo (a menudo un servomotor acoplado) que permite rearmar el interruptor a distancia, ya sea de forma manual mediante un telemando o mediante órdenes de un sistema de control. Resultan útiles en instalaciones donde desplazarse físicamente hasta el cuadro puede ser complicado o costoso (repetidores de TV, estaciones remotas, instalaciones repartidas en grandes complejos, etc.).

Diferenciales autorearmables
En este caso, el propio diferencial dispone de un circuito electrónico de control que, tras un disparo, espera un tiempo prefijado y ordena automáticamente el rearme a través del servomotor interno. Si el fallo persiste y vuelve a disparar, el equipo puede realizar varios intentos más, aumentando el intervalo de espera entre ellos, hasta llegar a un número máximo establecido antes de bloquearse.

Este comportamiento es muy valioso en instalaciones donde es crítico mantener la energía siempre que no haya un defecto real sostenido: ascensores, sistemas de videovigilancia, alarmas, cámaras frigoríficas, equipamiento médico o informático, etc. De este modo, se evita que un disparo transitorio por una perturbación puntual deje el sistema fuera de servicio durante horas.

Hoy en día es común encontrar soluciones monoblock que integran en un solo aparato la protección magnetotérmica y la diferencial autorearmable, ofreciendo protección frente a sobrecargas, cortocircuitos y derivaciones a tierra, con capacidad de rearme automático en cualquiera de las tres situaciones.

Esquema de conexión: orden y protección mutua

En la bajada domiciliaria es fundamental respetar el orden correcto de los aparatos de protección. El diagrama de conexión eléctrica es: primero el interruptor general y el ICP (si procede), después los magnetotérmicos de cabecera y, a continuación, el diferencial, seguido ya de los PIA de los distintos circuitos.

La entrada de los conductores debe conectarse siempre a la parte superior del magnetotérmico y la salida a la parte inferior, que alimenta al diferencial. De este modo, el diferencial queda protegido por el magnetotérmico frente a cortocircuitos y sobreintensidades que podrían dañarlo. Para detalles sobre la instalación de cable para aire acondicionado y sus conexiones conviene consultar guías específicas.

Si se conectara el diferencial antes del magnetotérmico, de manera que toda la corriente pasase primero por él, el aparato estaría expuesto sin defensa a cortocircuitos y sobrecargas. Esto podría deteriorar su mecanismo interno y hacer que en el futuro no actuase correctamente ante una fuga real, comprometiendo muy seriamente la seguridad de las personas.

Por ello, se insiste en que diferencial y magnetotérmico deben estar en serie, pero con el magnetotérmico aguas arriba para garantizar una protección integral: el magnetotérmico cuida de la instalación y también del propio diferencial.

Características eléctricas clave al elegir un diferencial

A la hora de seleccionar un diferencial para una instalación concreta es necesario tener en cuenta una serie de parámetros básicos: corriente nominal, sensibilidad, poder de corte asociado, tensión y número de polos.

Intensidad nominal (In)
Es la máxima corriente que el diferencial puede soportar de forma permanente por sus contactos sin deteriorarse. En vivienda suelen emplearse dispositivos de 25 A, 40 A o 63 A, según la potencia instalada y el calibre de los magnetotérmicos que lo acompañan. La corriente de servicio de la instalación debe ser siempre inferior a esta intensidad nominal para que el aparato trabaje con margen.

Sensibilidad o corriente diferencial residual (IΔn)
Expresada en miliamperios (mA), es el umbral a partir del cual el diferencial está obligado a disparar. Para protección de personas en viviendas y usos similares se emplean dispositivos de 30 mA, mientras que para protección contra incendios o para grandes instalaciones pueden utilizarse 100 mA, 300 mA o más. Como ya se ha comentado, el umbral real puede situarse entre el 50 % y el 100 % de la sensibilidad nominal.

Capacidad de corriente de cortocircuito (Icu/Ics)
Aunque el diferencial no está diseñado para interrumpir cortocircuitos como función principal, debe tener una capacidad de soportar corrientes de cortocircuito coordinada con la del magnetotérmico o del disyuntor con el que trabaje en serie. Esta capacidad se expresa en kiloamperios (kA) y viene indicada por el fabricante, garantizando que el aparato sobrevivirá a un cortocircuito dentro de los límites para los que ha sido ensayado.

Tensión de servicio
Indica el rango de tensión para el que ha sido diseñado el dispositivo. En instalaciones domésticas habituales hablamos de 230 V monofásicos o 400 V trifásicos. El diferencial debe ser compatible con la tensión del sistema donde se vaya a montar.

Número de polos
En monofásico se utilizan normalmente diferenciales de 2 polos (fase y neutro), mientras que en redes trifásicas se emplean de 4 polos (tres fases y neutro). El número de polos determina cuántos conductores activos pasan por el toroide para que el dispositivo pueda medir la suma vectorial de las corrientes.

Diferenciales para usos especiales: superinmunizados, rearmables y sectorización

Más allá de los modelos estándar, existen soluciones específicas orientadas a instalaciones industriales, fotovoltaicas, de vehículo eléctrico o viviendas muy tecnificadas. En estos entornos se combinan a menudo diferenciales tipo A, F o B con características superinmunizadas y con capacidad de rearme automático.

En puntos de recarga de vehículo eléctrico, la normativa y las guías de aplicación del REBT orientan hacia el uso de diferenciales tipo A complementados con dispositivos específicos de detección de continua o directamente tipo B, en función del tipo de cargador y del esquema de instalación.

Una buena práctica general es diseñar un cuadro bien sectorizado, con varios diferenciales y/o RCBOs distribuyendo la instalación en zonas lógicas (cocina, climatización, iluminación, enchufes generales, etc.). Esto se traduce en mayor protección real, menos molestias cuando se produce un disparo y una localización de averías mucho más rápida y sencilla.

Interruptor diferencial frente a magnetotérmico: diferencias esenciales

En muchos cuadros eléctricos el usuario ve “un montón de palanquitas” alineadas y tiende a pensar que todas hacen lo mismo. Sin embargo, el interruptor automático magnetotérmico y el interruptor diferencial cumplen funciones completamente distintas y complementarias.

El magnetotérmico protege la instalación frente a cortocircuitos (protección magnética) y sobrecargas (protección térmica). Ante un cortocircuito repentino, la intensidad se dispara en cuestión de milisegundos, el mecanismo magnético se activa y abre el circuito para evitar que los conductores se fundan o se provoque un incendio. Ante una sobrecarga prolongada, la parte térmica se calienta y dispara el interruptor antes de que los cables alcancen una temperatura peligrosa.

El diferencial, por su parte, se centra en detectar fugas de corriente a tierra que pueden atravesar el cuerpo de las personas o la estructura metálica de los equipos. No se fija en cuánta corriente total circula por el circuito, sino en la diferencia entre lo que entra y lo que sale. Un cortocircuito perfecto entre fase y neutro no generará diferencia alguna, así que el diferencial no actuará, aunque la intensidad sea enorme; para eso está el magnetotérmico.

Por tanto, ninguno sustituye al otro. Un cuadro bien diseñado ha de combinar ambos tipos de protección: magnetotérmicos para salvaguardar los cables, las líneas y los propios aparatos de maniobra, y diferenciales para preservar la integridad física de las personas y reducir el riesgo de incendio por fugas persistentes.

En la práctica, lo normal es que, si existe un fallo en la instalación, alguno de estos dispositivos se dispare: si se trata de una sobrecarga o cortocircuito, saltará el magnetotérmico; si es una fuga a tierra, actuará el diferencial. En fallos complejos pueden llegar a disparar ambos, pero cada uno lo hace respondiendo a un fenómeno físico distinto.

Visto todo lo anterior, se entiende por qué el diferencial se considera el auténtico “seguro de vida” del cuadro eléctrico: monitoriza de forma continua las corrientes que circulan, detecta cualquier desvío hacia tierra y abre el circuito en milisegundos, limitando tanto la intensidad como el tiempo durante el cual una persona puede estar sometida a una descarga. Elegir el tipo adecuado (AC, A, F o B), la sensibilidad correcta, valorar opciones superinmunizadas o autorearmables y situarlo en el punto apropiado de la instalación, marcan la diferencia entre una protección teórica y una protección realmente eficaz en el día a día.

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