- La aerotermia aprovecha la energía del aire para ofrecer calefacción, refrigeración y ACS con altos niveles de eficiencia y menos emisiones.
- Las nuevas normas de electrificación, autoconsumo y datos de red impulsan su despliegue y mejoran la integración con renovables y almacenamiento.
- La aerotermia UHT permite alcanzar temperaturas muy altas para procesos industriales, ampliando el campo de descarbonización más allá del uso doméstico.
- Un diseño adecuado de emisores, curvas de calefacción y combinación con fotovoltaica reduce consumo, costes y mejora el confort a largo plazo.

La aerotermia se ha convertido en una de las grandes protagonistas de la transición energética en España: promete calefacción, refrigeración y agua caliente con menos consumo, menos emisiones y más confort. Pero en los últimos años el impulso de esta tecnología ha ido mucho más allá del entorno doméstico, entrando de lleno en el sector industrial, en la planificación de la red eléctrica y en las políticas públicas de electrificación.
Hoy la clave ya no es solo si la aerotermia funciona bien en una vivienda, sino cómo aprovecharla para descarbonizar edificios, comercios e industria, qué temperaturas de impulsión convienen, cuánto consume realmente, qué ayudas fiscales existen y hasta qué punto puede sustituir a las calderas tradicionales y a sistemas basados en combustibles fósiles.
Aerotermia y economía circular: más eficiencia y menos residuos
Dentro del marco de la economía circular, la aerotermia encaja como un guante, porque saca partido a la energía contenida en el aire y reduce al mínimo el uso de combustibles fósiles y la generación de residuos asociados a la producción de calor.
En primer lugar, la aerotermia destaca por su alta eficiencia energética: una bomba de calor bien dimensionada es capaz de producir entre 3 y 5 kWh térmicos por cada kWh eléctrico consumido, gracias a que la mayor parte de la energía se captura del aire exterior, una fuente gratuita y renovable.
Además, los equipos de aerotermia modernos se diseñan con larga vida útil y mantenimiento reducido, lo que favorece la reutilización de componentes y disminuye el número de sustituciones y residuos a lo largo del ciclo de vida de la instalación.
De forma indirecta, esta tecnología ayuda también a la reducción de residuos y emisiones ligados a calderas de gas, gasóleo o sistemas eléctricos poco eficientes, ya que disminuye la necesidad de combustibles, conductos de humos y otros elementos asociados a la combustión.
Otro punto clave es la electrificación del consumo térmico: la aerotermia funciona con electricidad y se integra sin problemas con generación renovable (solar fotovoltaica, eólica), abriendo la puerta a redes inteligentes y sistemas descentralizados que optimizan producción y demanda.
Impulso regulatorio: electrificación, autoconsumo y ventajas fiscales
El Gobierno español ha introducido en los últimos años medidas normativas para reforzar el sistema eléctrico y, de paso, acelerar la electrificación de la demanda y el despliegue de tecnologías como la aerotermia.
Entre estas medidas se incluye una mejora del control de la tensión en la red eléctrica por parte de Red Eléctrica, la CNMC y las empresas distribuidoras, para evitar episodios de sobretensión como el apagón del 28 de abril y aumentar la resiliencia del sistema.
El decreto también amplía el alcance del autoconsumo fotovoltaico compartido, elevando hasta 5 kilómetros la distancia máxima entre la planta de generación (hasta 5 MW) y el punto de consumo. Este cambio facilita la creación de comunidades energéticas y del nuevo perfil de “gestor de autoconsumo”, encargado de representar a todos los participantes.
Con el objetivo de reforzar aún más la electrificación, se autoriza a los ayuntamientos a aplicar bonificaciones sobre el IBI y el ICIO de hasta el 50 % y el 95 % respectivamente, cuando se instalan sistemas de aerotermia, igual que ya se venía haciendo con la energía solar de autoconsumo.
El paquete regulatorio también introduce facilidades para puntos de recarga de vehículo eléctrico cuando no precisan declaración de impacto ambiental ni trámites complejos, impulsando un ecosistema eléctrico más integrado.
Gestión de datos y planificación de la red eléctrica
Otro cambio de calado tiene que ver con la centralización de los datos de los contadores inteligentes: Red Eléctrica pasará a custodiar la información procedente de unos 30 millones de contadores, actualmente dispersa en más de 300 distribuidoras.
Esta centralización busca reforzar la gobernanza de los datos y facilitar el análisis de incidencias, la previsión de demanda y la integración de renovables, manteniendo los mismos niveles de protección de datos personales y requisitos de consentimiento que hasta ahora.
En paralelo, se revisa la forma en que se planifica la red de transporte y distribución de electricidad: en lugar de hacer una planificación a seis años vista con revisiones extraordinarias, se plantea un ciclo de tres años con revisiones cada dos, para adaptarse mejor a las necesidades de industria, centros de datos y grandes consumidores.
La planificación actual se está reabriendo para incorporar nuevas tecnologías que contribuyen a estabilizar la tensión de la red, como los condensadores síncronos y los sistemas “grid forming” que permiten a plantas eólicas y fotovoltaicas apoyar el control de tensión, papel que antes recaía casi en exclusiva en nucleares, térmicas e hidráulicas.
Todo ello se complementa con medidas para un mayor impulso al almacenamiento energético, especialmente mediante la hibridación con parques solares o eólicos, reduciendo a la mitad los plazos de autorización de estas instalaciones.
Respiro regulatorio para promotores de renovables e industria
Tras años de retrasos y cierta incertidumbre, se han ajustado los requisitos de acceso y conexión a red para proyectos renovables, modificando la ley que fijaba 10 hitos obligatorios para conservar esos derechos.
El quinto hito, relativo a la puesta en servicio de las plantas, ahora permite que baste con estar conectados en pruebas aunque falten trámites burocráticos, evitando que proyectos viables pierdan su conexión por demoras administrativas ajenas al promotor.
Asimismo, cuando una planta se ve paralizada cautelarmente por un tribunal, los plazos de los hitos dejan de correr hasta que se levanta la suspensión, lo que reduce la inseguridad jurídica para las inversiones.
En el frente industrial, el real decreto recupera con efecto retroactivo la exención del 80 % en los peajes eléctricos para consumidores electrointensivos, aliviando parte de los costes derivados de la operación reforzada del sistema en momentos críticos.
Este conjunto de medidas resulta clave para que haya más proyectos renovables, más almacenamiento y más electrificación disponibles para alimentar con energía limpia tecnologías como la aerotermia en todos los sectores.
Qué es la aerotermia y cómo funciona realmente
La aerotermia es, en esencia, una bomba de calor aire-agua de alta eficiencia que extrae energía del aire exterior para calentar o enfriar agua, siguiendo un ciclo termodinámico similar al de un aire acondicionado, pero aplicado al circuito hidráulico de la vivienda o edificio.
En vez de calentar directamente con resistencias o con combustibles, la bomba de calor transporta calor de un lugar a otro: capta energía del aire, incluso con bajas temperaturas exteriores, la concentra mediante un compresor y la transfiere al agua de calefacción o al depósito de agua caliente sanitaria (ACS).
Este enfoque permite que, aproximadamente, el 75 % de la energía térmica generada provenga del aire exterior y solo el 25 % proceda de la electricidad, lo que explica los altos coeficientes de rendimiento (COP) habituales, entre 3 y 4 en condiciones normales.
Cuando se combina con una instalación fotovoltaica, la aerotermia aprovecha la electricidad solar de autoconsumo para alimentar el compresor, de modo que la mayor parte de la energía térmica es renovable y muy barata, llegando en algunos casos a un sistema casi autosuficiente.
Además, la misma bomba puede trabajar en modo verano, actuando como sistema de refrigeración mediante suelo refrescante, fancoils o radiadores adecuados, lo que permite sustituir tanto la caldera como el aire acondicionado tradicional.
Componentes principales de un sistema de aerotermia
Un equipo de aerotermia típico se apoya en una serie de componentes clave que se repiten en la mayoría de marcas, cada uno con una función específica dentro del ciclo frigorífico.
La bomba de calor en sí es el corazón del sistema: integra ventiladores, intercambiadores y el compresor, y se encarga de transferir el calor del aire exterior al agua del circuito de calefacción o ACS.
El evaporador es el elemento donde el refrigerante, a baja presión y temperatura, absorbe el calor del aire exterior y se evapora, cambiando de líquido a gas; suele estar en la unidad exterior, en contacto directo con el ambiente.
El compresor aumenta la presión y la temperatura del refrigerante gaseoso, convirtiéndolo en un gas caliente de alta presión que contiene suficiente energía para ceder calor al agua del circuito interior.
En el condensador, el refrigerante comprimido libera el calor acumulado hacia el agua de calefacción o del depósito de ACS, enfriándose y regresando al estado líquido durante este proceso de condensación.
Finalmente, la válvula de expansión reduce de nuevo la presión y temperatura del refrigerante líquido, dejándolo listo para volver al evaporador y repetir el ciclo termodinámico de forma continua.
Ciclo termodinámico de la aerotermia paso a paso
El funcionamiento interno de la aerotermia se basa en un ciclo termodinámico en cuatro fases que se repite de manera constante mientras el equipo está en marcha.
En la etapa de evaporación, el aire exterior atraviesa el evaporador y el refrigerante líquido absorbe su calor, incluso cuando fuera hace frío, evaporándose gracias a sus propiedades termodinámicas específicas.
Durante la fase de compresión, ese gas se comprime en el compresor, lo que dispara la presión y la temperatura del refrigerante hasta niveles óptimos para poder ceder calor útil en el circuito de calefacción o ACS.
La etapa de condensación se produce cuando el gas caliente llega al condensador e intercambia calor con el agua del sistema, calentándola para radiadores, suelo radiante o depósito de ACS, mientras el refrigerante se condensa y vuelve a estado líquido.
Por último, en la fase de expansión, la válvula provoca una caída brusca de presión y temperatura del refrigerante líquido, que queda preparado para volver al evaporador y seguir captando calor del aire exterior.
Gracias a este proceso, la aerotermia no “crea” calor de la nada, sino que mueve energía de un punto a otro, lo que explica su alto rendimiento frente a resistencias eléctricas o calderas de combustión.
Eficiencia energética y COP de la aerotermia
La eficiencia de la aerotermia se mide principalmente con el Coeficiente de Rendimiento (COP), que indica cuánta energía térmica entrega el sistema por cada kWh eléctrico consumido.
En condiciones estándar, es habitual que una bomba de calor aerotérmica alcance un COP entre 3 y 4, e incluso superior en climas templados, lo que significa producir tres o cuatro veces más energía térmica de la que se paga en forma de electricidad.
Este rendimiento sobresaliente se debe a que gran parte del calor procede de la energía gratuita almacenada en el aire, y no de la electricidad, que solo sirve para accionar el compresor y el resto de componentes.
Si el suministro eléctrico procede de fuentes renovables, ya sea mediante autoconsumo fotovoltaico o contratando energía de origen renovable, la aerotermia se convierte en una solución prácticamente neutra en emisiones de CO₂ en el punto de consumo.
En comparación con calderas de gas o gasóleo, y con sistemas puramente resistivos, el ahorro energético puede situarse fácilmente entre un 30 % y un 70 %, dependiendo del aislamiento, del tipo de emisores y del clima de la zona.
Usos de la aerotermia en el hogar: calefacción, frío y ACS
En el ámbito residencial, la aerotermia se adapta a distintos emisores térmicos para climatizar la vivienda y producir agua caliente sanitaria con un solo equipo.
En invierno, puede proporcionar calefacción mediante suelo radiante, radiadores de baja temperatura o fancoils, aprovechando aguas de impulsión a temperaturas moderadas que maximizan el COP.
En verano, el mismo sistema puede trabajar en modo frío, utilizando suelo refrescante o fancoils para bajar la temperatura interior, con un confort similar al del aire acondicionado pero con mejor integración hidráulica.
En lo relativo al ACS, la aerotermia es capaz de calentar depósitos de agua sanitaria para duchas y grifos con un consumo muy inferior al de termos eléctricos clásicos, especialmente si se apoya en paneles solares.
Esta versatilidad permite que un único equipo sustituya caldera, termo y aire acondicionado, reduciendo el número de aparatos, la complejidad de la instalación y el mantenimiento a lo largo del tiempo.
Ventajas de combinar aerotermia con energía solar fotovoltaica
Cuando se integran aerotermia y paneles solares, se consigue una de las combinaciones más potentes para reducir la factura energética y las emisiones en una vivienda.
Desde el punto de vista del consumo, un sistema de aerotermia puede calentar un depósito de 200 litros de ACS con unos 700 Wh, frente a los aproximadamente 1.500 Wh que necesitaría un termo eléctrico convencional, lo que implica un ahorro muy notable.
Los excedentes de producción fotovoltaica se pueden derivar al equipo de aerotermia para calentar agua y utilizar el depósito como “batería térmica”, almacenando energía solar en forma de calor y maximizando el autoconsumo.
El resultado es una vivienda con energía limpia, sin humos ni combustibles almacenados, donde gran parte de la demanda de calefacción, refrigeración y ACS se cubre con el sol y el aire, a un coste muy bajo.
Además, al reducir la dependencia del gas y otros combustibles, se gana en estabilidad de costes a largo plazo, evitando las fuertes fluctuaciones del precio de los combustibles fósiles en los mercados internacionales.
Aerotermia UHT: altas temperaturas para procesos industriales
Durante muchos años, la aplicación de la aerotermia en la industria ha estado limitada porque las temperaturas de impulsión solían quedarse en torno a 60-65 ºC, insuficientes para determinados procesos productivos exigentes.
La llegada de la aerotermia UHT (Ultra High Temperature) ha cambiado el panorama, al permitir generar agua caliente a temperaturas superiores a 85 ºC, llegando en algunos desarrollos incluso a superar los 90 ºC y acercarse a los 100 ºC.
Gracias al uso de refrigerantes avanzados, ciclos termodinámicos optimizados y configuraciones en cascada, algunas bombas de calor industriales alcanzan temperaturas del orden de 200 ºC manteniendo COP entre 3 y 5.
Esto abre la puerta a descarbonizar procesos industriales intensivos en sectores como el químico, farmacéutico, alimentario o textil, que hasta ahora dependían de calderas de combustibles fósiles o resistencias eléctricas poco eficientes.
Además, estos sistemas industriales pueden reducir la necesidad de grandes acumuladores, lo que disminuye riesgos sanitarios como la legionela y simplifica la operación diaria, consolidándose como una tecnología madura y lista para escalar.
Tipos de sistema: Monobloc frente a Bibloc
Dentro de las configuraciones disponibles, los sistemas Monobloc concentran todos los componentes (compresor, intercambiador, circuito hidráulico, válvulas y control) en una sola unidad exterior.
En un Monobloc, la conexión con la vivienda se hace exclusivamente mediante tuberías de agua, sin líneas frigoríficas ni necesidad de manipular el gas refrigerante, lo que simplifica enormemente la instalación y reduce riesgos de fugas.
Este planteamiento permite montajes más rápidos, menos costosos y con menor ocupación interior, ya que, salvo el depósito de ACS si es necesario, prácticamente todo queda fuera de la vivienda.
Como contrapartida, al estar todos los elementos en el exterior, el sistema se encuentra más expuesto a condiciones climáticas extremas, lo que puede afectar su rendimiento en zonas muy frías o con grandes oscilaciones de temperatura.
En viviendas grandes, o cuando la distancia entre la unidad exterior y los circuitos interiores es elevada, puede tener más sentido un sistema Bibloc con unidad interior y exterior separadas, dando más flexibilidad de ubicación y protegiendo parte del circuito frigorífico.
Configuración de temperaturas: impulsión, confort y ACS
Para sacar todo el partido a la aerotermia es crucial ajustar bien las temperaturas de impulsión y de ambiente, buscando el equilibrio entre confort y consumo eléctrico.
En invierno se recomienda mantener la temperatura interior entre 19 ºC y 21 ºC, siendo 20 ºC el valor de referencia propuesto por el IDAE para compatibilizar bienestar y eficiencia energética.
Durante la noche, es razonable reducir la consigna a 15-17 ºC si se dispone de buen aislamiento y se usa ropa de cama adecuada, ya que cada grado extra por encima de 21 ºC puede incrementar el consumo entre un 7 % y un 10 %.
En verano, lo ideal es fijar el termostato entre 24 ºC y 26 ºC, con 26 ºC como valor recomendado por el IDAE; bajar de ahí suele traducirse en mayor consumo, sensación de frío excesivo y ambiente demasiado seco.
En cuanto al agua caliente sanitaria, la temperatura del depósito debería situarse en torno a 50-55 ºC en uso normal, realizando ciclos térmicos periódicos que eleven la temperatura a unos 70 ºC para prevenir la legionela, tal y como marcan los Reales Decretos 487/2022 y 614/2024.
Temperaturas de impulsión según el tipo de emisor
La temperatura de impulsión es el gran factor que determina el rendimiento de la bomba de calor, y debe ajustarse al tipo de emisor térmico utilizado en la vivienda.
En sistemas de suelo radiante, basta con trabajar en calefacción con agua entre 30 ºC y 40 ºC, mientras que en modo refrescante basta con impulsiones de 15-18 ºC, evitando bajar por debajo del punto de rocío para no generar condensaciones en el pavimento.
Los radiadores de baja temperatura se diseñan precisamente para funcionar con agua a 40-50 ºC, aprovechando superficies de intercambio mayores que permiten mantener un COP muy alto.
Los radiadores convencionales, heredados de calderas de gas o gasóleo, pueden requerir impulsiones de 60-75 ºC para proporcionar el mismo confort, lo que obliga a la bomba de calor a trabajar con menor eficiencia y mayor consumo eléctrico.
Los fancoils o ventiloconvectores se mueven por lo general con agua de 35-50 ºC en invierno y 7-12 ºC en verano, ofreciendo una respuesta térmica muy rápida y un control por estancias muy preciso.
Curva de calefacción y optimización automática
Muchos equipos de aerotermia incorporan la llamada curva de calefacción o curva de compensación, que permite ajustar la temperatura de impulsión en función de la temperatura exterior.
En lugar de fijar una impulsión constante, el sistema aumenta la temperatura del agua cuando fuera hace más frío y la reduce en días suaves, manteniendo así una temperatura interior estable sin necesidad de toquetear el termostato continuamente.
La curva se define con una pendiente (cuántos grados sube la impulsión por cada grado que baja el exterior) y con un punto de corte, que marca la temperatura mínima exterior a partir de la cual se activa la calefacción.
En marcas como iDM Energie, esta función se enriquece con previsión meteorológica a varios días vista y con la información de precios horarios de la electricidad y excedentes fotovoltaicos, de modo que el sistema puede anticiparse y optimizar tanto el confort como el coste.
Configurar correctamente esta curva, adaptándola al aislamiento de la vivienda y al tipo de emisores, es una de las formas más eficaces de mejorar el COP y reducir el consumo mensual sin mermar el bienestar en casa.
Consumos, costes y vida útil de la aerotermia
En términos de consumo, una vivienda bien aislada de 100-150 m² con aerotermia puede situar su demanda eléctrica anual en torno a 2.000-3.500 kWh para calefacción, refrigeración y ACS.
Con precios de la luz en el entorno de 0,15-0,20 €/kWh, esto se traduce en unos 300-700 € al año, cifras muy competitivas frente a sistemas tradicionales de gas, gasóleo o resistencias eléctricas.
Si además se dispone de instalación fotovoltaica bien dimensionada, el coste real puede reducirse drásticamente e incluso acercarse a cero para la parte cubierta con autoconsumo en horas solares.
La inversión inicial de una instalación de aerotermia para un piso de alrededor de 100 m² es superior a la de una caldera convencional, pero se compensa con ahorros sostenidos, menor mantenimiento y posibles deducciones fiscales que pueden llegar hasta el 40 % por mejora de la eficiencia energética.
En cuanto a durabilidad, la vida útil habitual de un sistema de aerotermia se sitúa entre 15 y 25 años, alcanzando incluso los 30 años en equipos de alta gama con un mantenimiento adecuado.
Ventajas y desventajas frente a otros sistemas
Las ventajas más claras de la aerotermia son su alta eficiencia, la reducción de emisiones, la posibilidad de cubrir calefacción, refrigeración y ACS con un solo equipo y la integración sencilla con energías renovables como la fotovoltaica.
También ofrece costes de operación predecibles al depender principalmente de la electricidad, y elimina la necesidad de almacenar gasóleo, pellets u otros combustibles, así como de disponer de chimeneas o salidas de humos.
Entre las desventajas, destaca el alto coste inicial de la instalación en comparación con una caldera, la presencia de una unidad exterior relativamente voluminosa y el posible ruido si no se ubica correctamente.
En climas muy fríos, la eficiencia disminuye cuando las temperaturas exteriores caen mucho, lo que hace subir el consumo; en esos casos, es clave un buen diseño, apoyo fotovoltaico y emisores de baja temperatura para mantener un COP razonable.
Por último, la aerotermia ofrece su mejor rendimiento con sistemas de baja temperatura como el suelo radiante, perdiendo eficiencia si se fuerza a trabajar con radiadores convencionales que demandan impulsiones muy altas.
La expansión de la aerotermia, desde las viviendas hasta los comercios y la industria con soluciones UHT, se apoya en una mezcla de innovación tecnológica, nuevas reglas del juego eléctrico, incentivos fiscales y una mayor conciencia climática; bien diseñada y combinada con fotovoltaica, aislación adecuada y una configuración fina de temperaturas y curvas de calefacción, esta tecnología permite disfrutar de un confort térmico estable con un consumo razonable, menos emisiones y una mayor independencia frente a los vaivenes del gas y otros combustibles.