- La aerotermia permite climatizar la vivienda extrayendo energía del aire, siendo compatible tanto con radiadores antiguos como con modelos de baja temperatura.
- El uso de emisores de baja temperatura maximiza el ahorro energético al permitir que la bomba de calor trabaje en su rango de máxima eficiencia.
- La inversión puede amortizarse significativamente mediante la combinación con placas solares y el aprovechamiento de las subvenciones estatales y autonómicas.
Seguro que has oído hablar de la aerotermia como la joya de la corona en eficiencia energética para el hogar. Básicamente, es un sistema que nos permite olvidarnos de las calderas de gas o gasóleo, aprovechando el calor que hay en el aire exterior para mantener la casa calentita y tener agua caliente en la ducha, todo con un consumo eléctrico sorprendentemente bajo.
La gran duda que surge siempre es si hace falta levantar todo el suelo para poner suelo radiante o si podemos aprovechar los radiadores de toda la vida. La respuesta es que sí se puede, aunque hay varios trucos técnicos y matices que determinan si vas a ahorrar un dineral o si te vas a quedar corto de calor en pleno enero. Vamos a analizar a fondo cómo funciona este combo y qué opciones tienes según tu vivienda.
¿Qué es exactamente la aerotermia aplicada a radiadores?
Para entrar en materia, la aerotermia es una bomba de calor aire-agua. Su funcionamiento es casi mágico: absorbe la energía térmica del aire exterior (sí, incluso cuando hace frío) y, mediante un gas refrigerante y un compresor, eleva esa temperatura para calentarla el agua de un circuito hidráulico. Esta agua es la que viaja por las tuberías hasta llegar a los emisores de calor, que en este caso son los radiadores.
Lo más bestia de esta tecnología es su rendimiento, medido a través del COP (Coeficiente de Rendimiento). Un COP de 4 significa que por cada kWh de electricidad que pagas, el sistema te regala 3 kWh más sacados del aire, generando un total de 4 kWh de calor. Esto supone que el 75% de la energía es gratuita y renovable, reduciendo drásticamente las emisiones de CO2 y el impacto ambiental.
El dilema de los radiadores: ¿Antiguos o nuevos?

Aquí es donde la mayoría de la gente se hace un lío. No es lo mismo meter agua a 35°C que a 75°C. Para entenderlo, debemos diferenciar entre dos escenarios principales:
- Radiadores convencionales: Son los típicos de aluminio o hierro fundido. Están diseñados para trabajar con agua muy caliente (entre 70°C y 80°C). Si les ponemos agua templada, el calor que emiten es insuficiente para calentar una estancia. Para usarlos, necesitamos una bomba de calor de alta temperatura (con doble compresor), que es más cara y consume más, pero nos evita hacer obras.
- Radiadores de baja temperatura: Son los aliados perfectos de la aerotermia. Están fabricados para dar el máximo calor con agua a solo 35-45°C. Tienen una superficie de intercambio mucho más amplia o cuentan con ventilación asistida. Al trabajar a menos temperatura, la bomba de calor rinde al máximo, logrando un ahorro eléctrico muy superior.

Si tienes que elegir, los de baja temperatura son la opción más inteligente a largo plazo. No solo consumen menos, sino que algunos modelos son reversibles, permitiendo refrescar la casa en verano mediante fancoils (radiadores con ventilador), algo imposible con un radiador tradicional que, si le metes agua fría, empezaría a gotear por la condensación.
Componentes esenciales del sistema

Para que todo esto funcione como un reloj, la instalación se compone de varias piezas clave. El corazón es la unidad exterior, que es la que se encarga de captar el calor del aire. Dentro de casa, el agua circula por un circuito hidráulico regulado por válvulas y bombas de circulación que aseguran que el flujo llegue a todas las habitaciones.
En muchas instalaciones es fundamental incluir un depósito de inercia. Este tanque de agua evita que la bomba de calor esté encendiéndose y apagándose constantemente (ciclos cortos), lo que prolonga la vida útil del equipo y estabiliza la temperatura. Además, el sistema incluye un intercambiador de calor y, habitualmente, un acumulador para el Agua Caliente Sanitaria (ACS), asegurando que nunca falte agua caliente en los grifos.
Análisis de costes e inversión
Hablemos de dinero, que es lo que más importa. Una instalación completa para un piso de unos 100-130 m² puede oscilar entre los 7.000 € y los 12.000 €, dependiendo de la complejidad y la marca. Si solo instalamos la bomba de calor y ya tienes radiadores compatibles, el precio puede bajar a unos 4.500 €. Sin embargo, si hay que cambiar los emisores por unos de baja temperatura, cada unidad puede sumar entre 350 € y 500 € al presupuesto total.
Para abaratar la factura, es vital realizar un estudio de cargas térmicas previo. No tiene sentido comprar una bomba de 12kW si con una de 10kW es suficiente; sobredimensionar el equipo solo encarece la instalación sin aportar beneficios. Además, hoy en día existen ayudas y subvenciones (como los fondos Next Generation o deducciones en el IRPF de hasta el 60%) que pueden reducir la inversión inicial de forma drástica, haciendo que la amortización ocurra en unos 5 a 8 años.
Ahorro real y el combo con energía solar

Pasar del gas al sistema aerotérmico puede suponer un ahorro mensual notable. Por ejemplo, una familia que gastaba 110 € al mes entre luz y gas podría ver cómo su factura se reduce significativamente al eliminar el combustible fósil. Si además instalamos paneles solares fotovoltaicos, entramos en el escenario ideal: usamos la energía del sol para alimentar la bomba de calor, haciendo que la climatización sea prácticamente gratuita durante las horas de sol.
La rentabilidad también depende de la zona climática. En zonas muy húmedas o extremadamente frías, la aerotermia de alta temperatura puede sufrir más y recurrir a resistencias eléctricas, lo que sube el consumo. Por eso, mejorar el aislamiento de la vivienda (ventanas, fachadas y cubiertas) es la mejor inversión complementaria para que el sistema no tenga que esforzarse tanto.
Pasos para una instalación sin sustos
El proceso comienza siempre con un plano detallado. Primero se ubica la unidad exterior en un lugar accesible y ventilado. Luego se realizan las conexiones hidráulicas y eléctricas, adaptando las tuberías existentes si es posible para evitar levantar el suelo. Tras el montaje, viene la fase de configuración y puesta en marcha, donde un profesional ajusta los caudales y la temperatura de impulsión para optimizar el confort.
En cuanto al mantenimiento, no es nada complejo pero sí necesario. Una revisión anual para comprobar la presión del circuito, limpiar los filtros y verificar el nivel de gas refrigerante es suficiente para que el equipo dure 20 años. Es recomendable que esto lo haga un técnico cualificado para evitar averías costosas y mantener la garantía del fabricante.
Cambiando la caldera vieja por aerotermia con radiadores conseguimos un hogar mucho más sostenible y eficiente, eliminando la dependencia de los combustibles fósiles. Aunque la inversión inicial sea más alta que la de una caldera convencional, el ahorro en las facturas mensuales y la posibilidad de sumar aire acondicionado y agua caliente en un solo equipo lo convierten en la opción más equilibrada para rehabilitar casas sin entrar en obras faraónicas.