- La energía eólica marina es un pilar de la Estrategia de Crecimiento Azul europea y clave para la neutralidad climática en 2050.
- Existen dos grandes tecnologías: cimentaciones fijas y plataformas flotantes, que permiten operar desde aguas someras hasta grandes profundidades.
- La cadena de suministro industrial, con actores como Navantia, Repsol y Ørsted, es esencial para abaratar costes y escalar el despliegue.
- Mientras Europa acelera la eólica marina, decisiones como la retirada de TotalEnergies en EE. UU. muestran diferencias de coste y enfoque regulatorio entre mercados.
En los últimos años, la Unión Europea ha situado la eólica marina como pieza clave para alcanzar la neutralidad climática a mediados de siglo. Sin embargo, también está generando debates intensos sobre sus costes, su impacto en el sistema eléctrico, la competencia con otras tecnologías y los retos que plantea en países como Estados Unidos o España. Vamos a ver, con calma y al detalle, cómo funciona, qué tipos de tecnologías existen, cuáles son sus ventajas, qué inversiones se están moviendo y qué papel juegan las empresas energéticas y navales.
La “Energía Azul” y el papel estratégico de la eólica marina
En 2012, la Comisión Europea lanzó la Estrategia de Crecimiento Azul, una hoja de ruta que reconoce a los mares y océanos como motores clave de la economía europea. Dentro de esta visión, la llamada “Energía Azul” agrupa todas las tecnologías energéticas de origen marino, y entre ellas destaca la energía eólica marina, que se considera uno de los ámbitos prioritarios para lograr un crecimiento económico sostenible y bajo en carbono.
La eólica marina se basa en aprovechar la fuerza del viento en alta mar para generar electricidad mediante aerogeneradores instalados sobre estructuras fijadas al fondo marino o sobre plataformas flotantes. El recurso eólico marino suele ser más intenso y, sobre todo, mucho más regular que en tierra, lo que se traduce en una producción eléctrica más estable y abundante para una misma potencia instalada.
En el mar, el viento suele ser más fuerte y constante que en tierra firme, y la rugosidad superficial es mucho menor (no hay edificios, montes ni obstáculos que creen turbulencias). Esto permite obtener una mayor producción de energía incluso con aerogeneradores de dimensiones similares a los terrestres. Además, al haber menos fricción con el suelo marino, se pueden utilizar torres ligeramente más bajas para alcanzar la misma velocidad de viento que en tierra, lo que simplifica parte del diseño estructural.
En tierra, por limitaciones de transporte, logística y orografía, se están consolidando aerogeneradores con potencias unitarias en torno a 5 MW, con una tendencia clara a seguir aumentando el diámetro de rotor para mejorar el aprovechamiento de los emplazamientos más ventosos. Llevar componentes de mayor tamaño por carretera o por zonas montañosas complica y encarece el proceso.
En cambio, en el mar las restricciones de transporte son menores, ya que los componentes se mueven principalmente por vía marítima. Esto ha permitido que los parques eólicos marinos más recientes trabajen ya con aerogeneradores de más de 8 MW por unidad, y se están desarrollando prototipos que alcanzan potencias unitarias de 12 MW e incluso 15 MW. Este salto de escala reduce el número de máquinas necesarias para una misma potencia total y abarata parte de los costes de operación y mantenimiento.
Además del impacto en el mix eléctrico, la Estrategia de Crecimiento Azul entiende la eólica marina como tractor industrial: impulsa cadenas de suministro complejas (fabricación de componentes, ingeniería, logística marina, mantenimiento, servicios portuarios…) y promueve el desarrollo de puertos, astilleros y centros tecnológicos especializados en tecnologías marinas.
En este contexto, diversos Estados miembros —entre ellos España— han diseñado planes y hojas de ruta específicas para el despliegue ordenado de la eólica marina y otras energías de origen oceánico, integrando objetivos de potencia instalada, regulación ambiental, planificación espacial marítima y apoyo a la I+D y a la industria local.
Cómo funciona la energía eólica marina y por qué es tan eficiente
La base técnica de la eólica marina es similar a la de la eólica terrestre, pero con condiciones de viento y de emplazamiento mucho más favorables. Los aerogeneradores convierten la energía cinética del viento en energía mecánica de giro, y un generador eléctrico transforma ese movimiento en electricidad, que después se evacúa mediante cables submarinos hacia subestaciones marinas y, desde ahí, a tierra firme.
En el mar, el viento suele ser más fuerte y constante que en tierra firme, y la rugosidad superficial es mucho menor (no hay edificios, montes ni obstáculos que creen turbulencias). Esto permite obtener una mayor producción de energía incluso con aerogeneradores de dimensiones similares a los terrestres. Además, al haber menos fricción con el suelo marino, se pueden utilizar torres ligeramente más bajas para alcanzar la misma velocidad de viento que en tierra, lo que simplifica parte del diseño estructural.
En tierra, por limitaciones de transporte, logística y orografía, se están consolidando aerogeneradores con potencias unitarias en torno a 5 MW, con una tendencia clara a seguir aumentando el diámetro de rotor para mejorar el aprovechamiento de los emplazamientos más ventosos. Llevar componentes de mayor tamaño por carretera o por zonas montañosas complica y encarece el proceso.
En cambio, en el mar las restricciones de transporte son menores, ya que los componentes se mueven principalmente por vía marítima. Esto ha permitido que los parques eólicos marinos más recientes trabajen ya con aerogeneradores de más de 8 MW por unidad, y se están desarrollando prototipos que alcanzan potencias unitarias de 12 MW e incluso 15 MW. Este salto de escala reduce el número de máquinas necesarias para una misma potencia total y abarata parte de los costes de operación y mantenimiento.
Además, la configuración de los parques marinos puede optimizarse para aprovechar mejor el flujo del viento, ya que las distancias entre turbinas y la orientación del parque se diseñan específicamente para minimizar las pérdidas por estela (las turbulencias que genera cada aerogenerador sobre los que tiene detrás), algo crucial cuando se manejan potencias tan elevadas y grandes extensiones marinas.
Tipos de tecnologías: cimentaciones fijas y plataformas flotantes
Una de las grandes decisiones técnicas en un proyecto de eólica marina es cómo se va a sujetar el aerogenerador al entorno marino. En la práctica, se han desarrollado dos familias principales de soluciones: estructuras con cimentación fija al fondo marino y estructuras flotantes ancladas mediante sistemas de amarre.
La elección entre una u otra tecnología depende sobre todo de la profundidad del agua, las características del lecho marino, la distancia a la costa, las condiciones de oleaje y corrientes, así como de los costes de instalación y operación. Mientras que la cimentación fija es la solución más consolidada en aguas poco profundas, las plataformas flotantes abren el abanico a emplazamientos mucho más profundos y alejados de la costa.
Aerogeneradores marinos con cimentación fija
Las estructuras de apoyo con cimentación fija se montan directamente sobre el fondo marino. Son la opción dominante hoy en día en los parques eólicos marinos comerciales del mundo, especialmente en el mar del Norte y el Báltico, donde las profundidades son relativamente moderadas. De hecho, alrededor del 80% de todos los parques eólicos marinos operativos se encuentran en los mares del Norte de Europa y utilizan este tipo de soluciones.
En función del tipo de cimentación empleada, se distinguen varios conceptos básicos de soporte fijo para aerogeneradores marinos, cada uno con su propio rango de profundidad óptimo y complejidad constructiva:
- Monopilote: se trata de un gran cilindro de acero que se hinca o se entierra en el lecho marino y sobre el que se fija la torre del aerogenerador. Es la solución más simple y fue la más utilizada en los primeros desarrollos de eólica marina en aguas relativamente poco profundas y con suelos adecuados.
- Cimentación por gravedad: consiste en una gran plataforma de hormigón o acero con un peso considerable, que se apoya sobre el fondo marino y requiere una preparación previa de la zona de asiento (nivelación, rellenos, etc.). El propio peso de la estructura garantiza la estabilidad del aerogenerador frente al viento y el oleaje.
- Estructuras tipo jacket o trípode: en este caso, la torre se apoya sobre una celosía metálica con tres o cuatro puntos de anclaje al fondo marino. Estas estructuras permiten trabajar en profundidades mayores que los monopilotes y distribuyen mejor las cargas, aunque son más complejas de fabricar y montar.
Hasta la fecha, la práctica totalidad de los parques eólicos marinos comerciales se han ejecutado con alguno de estos conceptos de cimentación fija, adaptando la solución a las características concretas de cada emplazamiento. Su principal límite está en la profundidad: más allá de determinados metros, el volumen de acero y la complejidad de la instalación disparan los costes y hacen que esta opción deje de ser competitiva frente a los diseños flotantes.
Aerogeneradores marinos sobre plataforma flotante
Las plataformas flotantes representan el siguiente salto tecnológico en la eólica marina. Este tipo de estructuras no se apoyan de forma rígida en el fondo marino, sino que flotan en la superficie gracias a su diseño y se mantienen en posición mediante sistemas de anclaje y líneas de amarre conectadas al lecho marino. De este modo, se hace posible instalar aerogeneradores en zonas con profundidades que pueden alcanzar varios cientos de metros.
La gran ventaja de los conceptos flotantes es que abren la puerta a nuevos emplazamientos mar adentro, antes técnica o económicamente inaccesibles con cimentaciones fijas. En estas áreas más profundas suelen registrarse vientos más fuertes y estables, lo que mejora el factor de capacidad de los aerogeneradores y compensa parte del sobrecoste inicial de la tecnología flotante.
Con las plataformas flotantes, la principal restricción deja de ser la profundidad y pasa a ser el tendido de las infraestructuras eléctricas submarinas de evacuación (cables y equipos asociados), que deben diseñarse para soportar mayores distancias, profundidades y esfuerzos mecánicos. Aun así, el campo de juego se amplía enormemente, permitiendo desplegar parques eólicos en grandes extensiones marinas con un recurso eólico de muy alta calidad.
Desde el punto de vista ambiental, las estructuras flotantes permiten aplicar técnicas de instalación menos invasivas sobre el fondo marino, ya que se reduce la necesidad de grandes pilotes hincados o grandes plataformas de hormigón. Esto puede disminuir los impactos sobre los hábitats bentónicos y la fauna marina, y al situarse más lejos de la costa también se atenúan los efectos visuales y acústicos para la población costera en comparación con los parques eólicos terrestres o con instalaciones marinas muy cercanas a la orilla.
Las plataformas flotantes se clasifican, en general, según su sistema de flotación y anclaje al lecho marino, existiendo tres conceptos principales ampliamente estudiados y ensayados:
- Monopilar flotante o spar: estructura esbelta y profunda que se sumerge verticalmente, con una gran parte de su volumen por debajo del nivel del mar, lo que le confiere una gran estabilidad por efecto del lastre.
- Plataforma semisumergible: formada por varios flotadores interconectados que se mantienen parcialmente sumergidos, ofreciendo un buen compromiso entre estabilidad y facilidad de fabricación y montaje.
- Plataforma de apoyo en tensión (TLP, Tension Leg Platform): la flotabilidad de la estructura se combina con líneas de amarre sometidas a tensión continua, lo que limita de forma muy eficaz los movimientos verticales y horizontales.
Industria y capacidades: el papel de Navantia y la cadena de suministro
El desarrollo de la eólica marina ha impulsado la consolidación de una cadena industrial altamente especializada, que incluye desde fabricantes de aerogeneradores, cimentaciones y plataformas, hasta empresas de ingeniería, astilleros, operadores portuarios, navieras y compañías de servicios de montaje y mantenimiento en alta mar.
En este ecosistema, España cuenta con actores destacados. Un ejemplo claro es Navantia, cuya división Navantia Seanergies ha logrado posicionarse como un referente mundial en la fabricación de estructuras para eólica marina. Apoyándose en más de 400 años de experiencia en diseño y construcción de estructuras marinas, la compañía se ha convertido en el único fabricante del mundo capaz de suministrar simultáneamente cimentaciones fijas tipo monopile, estructuras jacket y soluciones flotantes.
Navantia Seanergies suma ya cerca de 400 estructuras entregadas o en fabricación para proyectos de eólica marina, lo que incluye tanto cimentaciones fijas (monopilotes y jackets) como plataformas flotantes. Esta capacidad industrial es clave para que España pueda aspirar a convertirse en un hub de referencia para proyectos en Europa y otros mercados emergentes, aprovechando sus puertos, astilleros y know-how naval.
La integración entre fabricantes de estructuras, desarrolladores de parques eólicos, empresas de ingeniería y operadores eléctricos resulta esencial para reducir costes y acortar plazos en un sector en el que la logística, la precisión y la coordinación son determinantes. Además, el auge de la eólica marina flotante abre nuevas oportunidades para la reconversión de instalaciones navales y para el desarrollo de soluciones innovadoras de montaje y operación en mar abierto.
En paralelo, los planes estratégicos impulsados por las administraciones públicas —como las hojas de ruta nacionales para el desarrollo de la eólica marina y las energías del mar— buscan alinear objetivos de potencia instalada, protección ambiental y refuerzo de la cadena de suministro, de modo que se maximice el retorno económico y social asociado a estas inversiones.
Perspectiva internacional: el caso de TotalEnergies en Estados Unidos
El despliegue de la energía eólica marina no avanza al mismo ritmo ni con la misma visión en todas las regiones del mundo. Un ejemplo llamativo es la reciente decisión de TotalEnergies de retirarse de varios proyectos de eólica marina en Estados Unidos, a pesar del fuerte impulso que esta tecnología está recibiendo en Europa.
La compañía había firmado con el Departamento de Interior de Estados Unidos un contrato valorado en unos 928 millones de dólares (alrededor de 800 millones de euros) relacionado con proyectos de generación eólica marina. Tras revisar la viabilidad económica, TotalEnergies ha considerado que estos desarrollos podrían tener un impacto negativo en los precios de la energía para los consumidores estadounidenses, en parte por sus elevados costes en el contexto regulatorio y de mercado actual Estados Unidos.
Con la rescisión del contrato, TotalEnergies recuperará los derechos de arrendamiento ya abonados y se ha comprometido a reinvertir ese capital en otras áreas energéticas dentro del país, como el desarrollo y la exportación de gas y electricidad. En concreto, la empresa renuncia a sus concesiones en el proyecto Carolina Long Bay, ubicado a más de 35 kilómetros de la costa de Carolina del Norte, valorado en unos 795 millones de dólares (unos 684 millones de euros), y al proyecto de la bahía de Nueva York, cifrado en 133 millones de dólares (unos 115 millones de euros).
Según la compañía, los estudios de viabilidad realizados no han arrojado resultados suficientemente positivos y, a diferencia de lo que ocurre en Europa, los proyectos de eólica marina en Estados Unidos resultan demasiado costosos y poco competitivos en el mix energético actual del país, donde otras tecnologías pueden cubrir la creciente demanda eléctrica a precios más bajos.
En consecuencia, TotalEnergies ha decidido priorizar inversiones en una nueva planta de Gas Natural Licuado (GNL) en Texas y en proyectos de extracción convencional de petróleo en el Golfo de México. El presidente y consejero delegado de la compañía, Patrick Pouyanné, ha subrayado que, si el desarrollo de la eólica marina no aporta un beneficio neto al país en términos de coste y seguridad de suministro, es preferible abandonar estos proyectos a cambio del reembolso de los derechos de arrendamiento.
Desde el lado de la administración estadounidense, se ha llegado incluso a calificar la eólica marina como uno de los sistemas energéticos más costosos, inestables y dependientes de subsidios impuestos a consumidores y contribuyentes del país, al tiempo que se ha celebrado la apuesta de TotalEnergies por proyectos que, a su juicio, aportan energía más asequible y fiable para reducir las facturas mensuales y garantizar un suministro eléctrico seguro a largo plazo.
España y la apuesta por la eólica marina flotante: alianza Repsol – Ørsted
En contraste con las dudas que surgen en algunos mercados, España se está posicionando como un territorio clave para la eólica marina flotante, gracias a la combinación de un recurso eólico excelente, grandes profundidades relativamente cerca de la costa y una sólida industria marítima y energética.
En este contexto, la empresa danesa Ørsted —uno de los líderes mundiales en eólica marina— ha sellado una alianza estratégica con la compañía energética española Repsol para explorar conjuntamente las oportunidades de la eólica marina flotante en aguas españolas. Esta colaboración refleja el compromiso de ambas empresas por acelerar la comercialización de esta tecnología en un mercado con gran potencial.
La instalación de turbinas eólicas sobre plataformas flotantes se considera el paso imprescindible para desbloquear todo el potencial de la eólica marina en España. Debido a la orografía del fondo marino, gran parte de la plataforma continental española alcanza rápidamente profundidades en las que las cimentaciones fijas dejan de ser viables, por lo que la solución flotante es prácticamente obligatoria para poder aprovechar los mejores recursos de viento.
Una de las grandes ventajas de la eólica marina flotante es que permite acceder a un porcentaje muy elevado del recurso eólico marino mundial. Se estima que, con plataformas flotantes, podría aprovecharse hasta el 80% del potencial eólico marino del planeta, instalando aerogeneradores en aguas profundas con vientos más fuertes y constantes. Esto transforma la escala del recurso disponible y abre una ventana de oportunidad para países con costas profundas y buen viento.
El reto no es menor: la eólica flotante exige una importante inversión en nuevas tecnologías, infraestructuras portuarias y cadenas de suministro específicas, pero los actores del sector subrayan que no es un desafío insalvable. La experiencia acumulada con la eólica marina de cimentación fija demuestra que, con el apoyo regulatorio, financiero e industrial adecuado, es posible madurar estas soluciones hasta hacerlas competitivas. En un contexto marcado por tres crisis interrelacionadas —energética, climática y de pérdida de biodiversidad—, la necesidad de soluciones renovables de gran escala empuja a acelerar este tipo de desarrollos.
La colaboración entre empresas como Repsol y Ørsted, sumada a las capacidades de la industria naval española y a las políticas públicas de impulso a las energías renovables marinas, coloca a España en una posición muy interesante para convertirse en uno de los polos europeos de referencia en eólica marina flotante, tanto para proyectos propios como para exportar tecnología y servicios a otros mercados.
Todo este entramado de estrategias europeas, decisiones empresariales, avances tecnológicos e iniciativas industriales refleja que la energía eólica marina está en un momento clave de su desarrollo. Mientras algunos mercados consolidan su apuesta y avanzan hacia soluciones flotantes capaces de aprovechar la mayor parte del potencial eólico marino, otros revisan sus prioridades en función de los costes, de la competencia de otras tecnologías y de la percepción de los riesgos económicos. En cualquier caso, el papel de la eólica marina como herramienta para descarbonizar la economía, dinamizar la industria marítima y reforzar la seguridad de suministro eléctrico se mantiene en el centro del debate energético global.
