- Crecimiento sostenido del consumo de biomasa forestal impulsado principalmente por la demanda de astilla en el sector industrial.
- Implementación de una estrategia integral de la Generalitat para alcanzar objetivos de consumo y gestión forestal sostenible hacia 2027.
- Impacto positivo en el medio ambiente mediante la reducción de gases de efecto invernadero y la prevención de incendios forestales.
- Evolución hacia instalaciones de mayor potencia y eficiencia, reduciendo la dependencia de los factores climatológicos.

Cuando hablamos de calentar espacios o alimentar procesos industriales, la mirada se está desplazando cada vez más hacia lo que tenemos en nuestros propios bosques. En Cataluña, el uso de biomasa forestal para fines térmicos no es solo una tendencia pasajera, sino una apuesta firme por sustituir los combustibles fósiles por una alternativa renovable que aprovecha los residuos orgánicos de nuestro territorio.
Este camino no ha sido fruto del azar, sino de una planificación detallada coordinada por diversos departamentos de la Generalitat. Se trata de un ecosistema donde la gestión sostenible de los bosques y la demanda energética se dan la mano, permitiendo que el sector rural cobre fuerza mientras se cuida el entorno natural.
La evolución del consumo y el impacto de la astilla

Si echamos un vistazo a las cifras recientes, el crecimiento ha sido notable. Para el año 2025, el consumo alcanzó las 652.500 toneladas anuales, lo que supuso un incremento del 19% respecto al periodo anterior. Es curioso observar que este empujón no ha venido de la calefacción doméstica tradicional, sino de la entrada en servicio de grandes calderas industriales que demandan biomasa en formato de astilla.
De hecho, la astilla ha sido la verdadera estrella del balance, registrando en 2025 un salto interanual del 57%. Mientras tanto, otros productos como el pellet o la leña, que suelen estar más ligados al uso en hogares y dependen mucho de si el invierno es crudo o no, han experimentado ligeros descensos en su demanda. Esto nos indica que el sector se está profesionalizando y moviendo hacia escalas de consumo mucho más eficientes y estables.
Infraestructura y potencia instalada en el territorio
La transformación del parque energético catalán es evidente. Entre el año 2012 y el 2025, se han puesto en marcha unas 4.529 instalaciones de biomasa, sumando una potencia acumulada de 574 MW. Este despliegue, monitorizado por el Observatorio de Calderas de Biomasa de Cataluña, demuestra que ya no dependemos de pequeñas chimeneas, sino de tecnologías de consumo a gran escala.
Esta evolución ha permitido que productos que requieren un procesamiento previo y certificaciones de calidad, como el pellet y la astilla, ganen terreno. Para que nos hagamos una idea, desde que se puso en marcha la estrategia, el consumo de astilla se ha multiplicado por 21, mientras que el pellet ha crecido un 40%. La leña, aunque sigue presente, ha crecido de forma más modesta, un 16% en el mismo lapso.
Beneficios ambientales y gestión del bosque

Más allá de los números energéticos, lo más jugoso de este sistema es su impacto ecológico. El aprovechamiento de la biomasa ha logrado evitar la emisión de 281.940 toneladas de gases de efecto invernadero anuales en 2025, un 33% más que el año previo. Al quemar biomasa, se libera carbono que ya estaba en la vegetación, cerrando un ciclo de carbono mucho más equilibrado que el de los combustibles fósiles.
- Prevención de incendios: Al limpiar los bosques de residuos y matorral, se reduce la carga combustible.
- Resiliencia ecosistémica: Una gestión activa ayuda a que los bosques soporten mejor el cambio climático.
- Ciclo del agua: La mejora en la estructura forestal favorece una mayor disponibilidad de agua en el terreno.
- Economía rural: Se crea actividad económica directa que es imposible de deslocalizar.
En cuanto a la superficie gestionada, se han alcanzado las 27.186 hectáreas, consolidando la biomasa como una herramienta de gestión forestal sostenible y no solo como un combustible.
Metas ambiciosas y marco estratégico
La Generalitat no se queda quieta y ha fijado objetivos claros para el año 2027. La meta es llegar a las 730.000 toneladas de biomasa consumida para usos térmicos y ampliar la superficie de bosques gestionados hasta las 30.400 hectáreas. Para lograrlo, trabajan coordinadamente los departamentos de Territorio, Vivienda y Transición Ecológica, Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentación, y la Presidencia.
Es importante mencionar que la producción local también ha subido, llegando a las 806.000 toneladas en 2025, lo que ha permitido que las importaciones bajen considerablemente. Esto refuerza la soberanía energética de la región y pone en valor los recursos forestales y agrícolas propios.
El despliegue de la biomasa en Cataluña ha pasado de ser una alternativa marginal a convertirse en un pilar de la transición energética, logrando un equilibrio entre la eficiencia industrial, la recuperación del medio rural y la protección de los ecosistemas forestales frente a las amenazas climáticas.


