- El término fijo depende exclusivamente de la potencia contratada y se paga aunque no haya consumo eléctrico.
- La factura se divide principalmente en costes fijos (potencia y peajes) y costes variables (energía consumida).
- Ajustar la potencia a las necesidades reales del hogar es la forma más directa de reducir el gasto mensual fijo.
Seguro que alguna vez has mirado el recibo de la luz y te has quedado con una cara rara al ver que, aunque te hayas ido de vacaciones y hayas dejado todo apagado, te han cobrado una cantidad considerable. No es un error de la compañía, sino que es el famoso término fijo, ese coste que pagamos simplemente por el hecho de tener el servicio activo en casa.
Entender este desglose es fundamental si no quieres que se te escape el dinero por las grietas. A veces nos centramos solo en apagar las luces, pero hay factores estructurales en el contrato que influyen muchísimo más en el importe final que el simple uso de un electrodoméstico aquel día. Vamos a analizar a fondo cómo funciona todo esto para que no te den gato por liebre.
¿Qué es exactamente el término fijo y cómo se calcula?

Cuando hablamos de término fijo, nos referimos básicamente a la potencia contratada. Imagínalo como una tubería: cuanto más ancha sea, más agua (electricidad) puede pasar a la vez. Si intentas pasar demasiada energía por una potencia muy baja, los plomos saltarán y te quedarás a oscuras.
Para echar cuentas y saber cuánto vas a pagar, la fórmula es sencilla: multiplicas la potencia contratada en kW por el precio que te cobre tu comercializadora por kW y por los días del periodo. Por ejemplo, si tienes 5,8 kW y el coste es de 0,068 €/kW al día, el cálculo mensual resultará en unos 11,83 €. Lo ideal es que esa potencia esté ajustada a tus electrodomésticos; si tienes un horno de 2 kW, una vitro de 1,5 kW y un microondas de 0,9 kW funcionando a la vez, necesitas al menos 4,4 kW solo para esos tres aparatos, sin contar la nevera o las luces.
Desglosando la factura: Conceptos fijos y variables

Para no volverse loco con el recibo, lo mejor es dividirlo en dos bloques. Primero tenemos los costes fijos, que no dependen de si usas la luz o no. Aquí entra la potencia y el peaje de acceso, que es lo que pagamos por la red eléctrica, regulado por la CNMC.
Luego tenemos el término variable, que es donde se refleja tu consumo. Se mide en kWh (kilovatios hora) y depende totalmente de tus hábitos. Dependiendo de tu tarifa, el precio puede ser único o puede variar según la discriminación horaria, en periodos punta, llano y valle, lo que permite ahorrar si programas la lavadora para la madrugada.
Otros cargos e impuestos que influyen en el precio

No todo es potencia y energía. Hay pequeños conceptos como el alquiler del contador, un cargo mensual que varía entre 0,80 € y 1,50 €.
En cuanto a impuestos, tenemos el Impuesto Especial sobre la Electricidad (IEE) del 5,1127%, y luego el IVA. El IVA puede bajar del 21% al 10% según el precio del mercado.
Cómo localizar la información y optimizar el gasto

Busca en tu factura el apartado Facturación total del periodo y el CUPS (Código Universal de Punto de Suministro), que es como tu DNI eléctrico.
Revisa si tienes potencia excesiva, comprueba si las lecturas son reales o estimadas, y ajusta tu tarifa al horario que estás en casa para reducir la factura de la luz teletrabajando y ahorrar hasta un 30% anual.
Tipos de tarifas disponibles en el mercado
Existen distintas opciones: la tarifa fija, la discriminación horaria y las tarifas a precio de coste.
Tener un control de la potencia y los tramos horarios, junto con la vigilancia de los impuestos, te permite reducir el gasto energético y vivir mejor.